Lo oración es la mejor medicina

LEO BEATO
Roger T. estaba condenado a muerte. Un cáncer del colon diagnosticado hace un año y medio lo llevó hasta las puertas de la muerte. Se puso entonces directamente en las manos de Dios a través de su iglesia, donde se oraba por él cinco veces por día y se le impusieron las manos invocando la intercesión del Espíritu Santo.

Sus compañeros en la fe son carismáticos y firmes creyentes en las palabras del Apóstol Santiago: “La oración hecha con fe hace milagros”. El caso es que hoy día Roger está vivito y coleando como cuando salió del vientre de su madre. Tuvieron que suspender la quimoterapia.

Es un hecho irrefutable que la recuperación de un paciente es muchísimo mas rápida cuando éste tiene una actitud positiva hacia su situación. Y reputé lo confirman los profesionales de la salud en la mayoría de los centros clínicos donde se practica la oración como parte integral de la rehabilitación de los pacientes. Existen numerosos estudios sobre este tópico, como el llevado a cabo en la Duke University entre 4000 pacientes de ambos sexos. Se estableció que el riesgo de muerte (todos pasaban de los 64 años) se redujo en un 46%. El doctor Harold Koenig, director del Centro que condujo la investigación, estima que la creencia en valores espirituales, no importa la denominación a la que se pertenezca, eleva la calidad y la cantidad de años útiles de los pacientes. Se comprobó que aquellos pacientes que oran con regularidad tienden a mantener su presión arterial estable y su sistema inmunológico tiende a responder mas rápidamente. Además, el apoyo de una comunidad de fe es definitivo, a pesar de que hace apenas 15 años mencionar esto en una escuela de medicina era una herejía. El doctor Dale Matthews, de la universidad de Georgetown, Washington, D.C., y autor del best seller “El Factor de la Fe” (The Faith Factor), considera que más del 75% de las investigaciones llevadas a cabo recientemente sobre este tema confirman el hecho de que la oración habitual conduce a una salud más integral y completa. “Debiéramos empacarla (la oración) en pastillas y tabletas”, afirma el galeno. Naturalmente esto no puede hacerse pero la práctica diaria de este contacto con la Mente que rige al Universo (llamemósle como le llamemos) tiene una influencia cuantificable en todo proceso terapéutico. Es equivalente a conectarse con una central energética nuclear cuando la bombilla de nuestra habitación amenaza con apagarse. Hacer la prueba no nos cuesta nada. Y, por supuesto, no esperemos a que nos enfermemos para empezar el proceso. Debemos curarnos en salud y no esperar a que llegue Santa Bárbara en su caballo cansado a buscarnos sin remedio, como fue el caso de un dilecto compañero, fumador empedernido, que decía que él creía en Dios mas que nadie pero que no entraba en ninguna iglesia. En otras palabras, que la oración y los hábitos saludables no son para cuando se está en la funeraria sino para cuando se está vivito y coleando. Todos estamos enfermos, unos más y otros menos, pero todos llevamos un ritmo de vida donde el estrés cotidiano y la falta de un sistema de vida saludable nos está matando. A Matilde G., madre de tres hijos adolescentes, la internaron hace tres años en el Jackson Memorial de Miami. Le extirparon los dos senos debido a un cáncer de la mama (masectomía drástica). Los médicos pensaban que pronto iba a ser víctima de una metástasis y la sometieron a una dieta rigurosa de proteínas vegetales. Matilde, sin embargo, era una cristiana practicante y el apoyo incesante de sus compañeros en la fe la mantuvo confiada. Se puso en manos de su Creador, pasase lo que pasase, y han pasado ya tres años. El cáncer entró en remisión… hasta el día de hoy. ¿Coincidencia de fanáticos? Como dice el doctor Mathews, “si para sanarse hay que creer en Dios, los hospitales serían nuestras grandes catedrales”. Y falta que nos hace… ¿no? Es como conectarse con el sol central de la Galaxia.