Lo que nos enseña “el preso más guapo del mundo”

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La historia de Jeremy Meeks, detenido por posesión ilegal de armas y pertenencia a banda armada, quien desde el pasado 19 de junio es conocido como “el preso más guapo del mundo” tras más de 180 mil me gusta y 26 mil comentarios en su ficha publicada en Facebook por el Departamento de Policía de Stockton (California), deja una enseñanza.

Y es que el fenómeno generado por Meeks, que implica  que pese a que se enfrente a 11 cargos criminales, un grupo de admiradoras haya recaudado ya cuatro mil dólares para pagar su fianza y que agencias de modelos estén interesadas en él, pone de relieve un efecto psicológico: el halo del atractivo.

El mismo no es nuevo, ni Meek es el único criminal famoso por su atractivo ni el más peligroso. En los años 70 el estadounidenseTed Bundy mató a 36 mujeres gracias a su belleza física: seducía a sus víctimas para, después, violarlas y acabar con su vida.

Tanto Meeks como Bundy provocaban en las personas lo que se conoce como “efecto halo”, un sesgo cognitivo por el cual la percepción de un rasgo particular, en este caso el atractivo físico, influye en la interpretación del resto de rasgos.

De acuerdo a esto el razonamiento humano es el siguiente: Sí, Meeks puede ser un criminal, pero es tan guapo que tendemos a pensar que es más talentoso, bondadoso, honesto e inteligente que el resto de los criminales, máxime si estos no son tan guapos.

Jeremy Meeks en una de las fotos de su Facebook de admiradores. Jeremy Meeks en una de las fotos de su Facebook de admiradores.
Aval científico. Se trata de un fenómeno bien estudiado, un prejuicio en el que todos incurrimos pero del que no nos percatamos. Si nos preguntan contestaremos que el hecho de que el criminal sea guapo no ha nublado nuestro juicio, aunque así haya sido.

Un estudio de la Universidad de Cornell, publicado en 2010, mostró que los criminales feos tienden a recibir condenas más duras, de media 22 meses superiores a las de las personas atractivas que cometen los mismos delitos.

Meeks, en cualquier caso, es una excepción. Sí, hay criminales guapos, pero hay muchos más feos. En 2011, los profesores Naci Mocan, de la Universidad Estatal de Luisiana y Erdal Tekin, de la Universidad Estatal de Georgia, analizaron los perfiles de 20.745 personas, y su comportamiento entre 1994 y 2002. Descubrieron que las personas consideradas feas tenían una ratio de criminalidad mucho mayor que las consideradas guapas.

“El preso más guapo del mundo” es una de las excepciones que confirman la regla y, como tal, pensamos que ha habido un error. ¿Cómo es posible que alguien tan apuesto haya hecho nada malo? Una adolescente admiradora de Meeks lo resume todo en una frase: “Si su corazón es una prisión, quiero que me sentencien de por vida”.