Lo que nos falta

La “marthamanía”, como lo llama El Nacional, debe ser analizada por expertos en la conducta y por uno que otro consejo de ancianos.

¿Por qué la euforia? ¿Por qué la alegría colectiva? ¿Qué ha producido el milagro de que tantos cientos de miles de dominicanos compartamos el triunfo de una muchachita de Santiago, desconocida hasta el otro día? ¿Por qué esa explosión?

Detrás del triunfo de Martha, de su voz, de su palmito, de su sonrisa que iluminaba la noche más allá de la luz de los reflectores, de sus pasos y estilo de mulata criolla, está la necesidad urgente y postergada por mucho tiempo de alegría, buenas noticias.

Martha es un respiro en el cúmulo de barbaridades cometidas por autoridades judiciales, militares, policiales, políticas.

Martha es un respiro al final de un año que poco tiene para que el ánimo de celebraciones esté a punto.

Hay que recordar cómo cientos de miles de dominicanos miraron hacia un solo punto: el concurso que buscaba un ídolo latinoamericano de la canción.

Independientemente de la calidad de su voz y de la excelencia de sus interpretaciones, Martha ganó porque por ella votó más gente que los que votaron a favor del muy buen cantante costarricense.

¿Qué indica ello; que papeleta mató a menú? Evidentemente no.

¿Qué significa que tantos dominicanos votaran por Martha? Que hubo acuerdo en que había que respaldar la calidad y la nacionalidad de la feliz intérprete de dulce y poderosa voz.

El acuerdo se produjo porque en nuestro cielo se ven pocas estrellas que iluminen el camino, del cual sólo conocemos las furnias y las dificultades por venir.

Somos un pueblo que cuando ve más allá de sus narices quiere voltear la cara para no ver lo que ve, porque no es agradable, porque si es duro el presente parece que peor será el futuro.

El grito colectivo de felicidad, el aplauso que cubrió buena parte del país y las emociones del triunfo, resuenan aún en la memoria de mucha gente.

Ahora que hemos vuelto a la realidad, ahora que pasó la resaca del triunfo es bueno preguntar y preguntarse ¿Cómo es posible que nos una el posible triunfo de un deportista o de una cantante y no seamos capaces de unirnos para sacar el país del analfabetismo, para sólo citar un ejemplo?

Es obvio que uno de los  principales problemas nacionales es la falta de alegría, que hace tiempo se fue de vacaciones.

Martha representa ese insatisfecho placer de vivir sin temor, en una sociedad donde la alegría sea la cotidianidad.