Lo torcido de ciertos derechos

11_07_2019 HOY_JUEVES_110719_ Opinión9 A

Históricamente para que cualquier reclamo de algún grupo humano, grande o pequeño, se pudiese considerar como un derecho humano tenía que pasar por algunos filtros necesarios que le diesen un viso de pertinencia, racionalidad y de merecimiento al mismo.
Uno de estos filtros, quizás uno de los más importantes es la universalidad de dicha pretensión. Este era un requisito indispensable para arribar a la categoría de derecho inherente a todos los humanos.
La universalidad se refiere a que dicha aspiración debe ser común a todos, o al menos a la gran mayoría de los seres humanos: el derecho a la vida, a la libertad, etc.
Otro aspecto importante en el establecimiento de la legitimidad de un derecho humano era el argumento natural, es decir, que el derecho reclamado tenía que encontrar una correspondencia racional con la realidad para ser auténtico. Yo no puedo aspirar a convertir en derecho algo que la misma naturaleza niega en su demostración más primaria; los derechos humanos tenían que mostrar un soporte lógico que podíamos ver en la naturaleza del hombre y del cosmos que le rodeaba.
De esa manera surgió el concepto jurídico conocido como iusnaturalismo (derecho natural). Por ejemplo, si yo quiero que mi mascota sea considerada como un ser humano esto sería imposible de aceptar, porque es muy fácil detectar según el orden natural y racional de las cosas, que mi mascota no es humana.
En la Declaraciones de Derechos de Virginia de 1776, que sirvió de base a la constitución norteamericana de 1787, y en la Declaración de los Derechos del Hombre de Francia de 1789 vemos el argumento natural como un filtro indispensable:
Por ejemplo, la Declaración de Virginia 1776 antepone como premisa de los derechos reclamados el argumento natural: “todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes, y tienen ciertos derechos inherentes, de los cuales, cuando entran en un estado de sociedad, no pueden ser privados o postergados…”. Aquí se expresa que la naturaleza misma de las cosas nos declara verdades sobre la esencia del hombre, y que algo podría ser considerado un derecho porque la naturaleza nos da prueba de que es inherente a la esencia misma del hombre. Es decir, no es construido o fabricado, sino algo que le pertenece desde el vientre materno.
En la famosa Declaración de los Derechos del Hombre de Francia de 1789, modelo para el desarrollo de los derechos humanos a través de la historia, dice “Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea nacional,…. Han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre,… para que las reclamaciones de los ciudadanos, en adelante fundadas en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos…”
Aquí vemos como el derecho natural es equiparado a un principio simple e indiscutible, es decir la naturaleza se sobrepone a todo argumento espurio que quiera contradecir el orden natural de las cosas, lo cual, a los ojos de los autores de esta declaración sería un gran absurdo.
Cuando un hombre con órganos sexuales naturales masculinos quiere que los demás lo consideren una mujer, es una pretensión que carece de las bases que construyeron los fundamentos de los derechos humanos.
Hoy en día, en el reino del relativismo ultranza, de la entronización de la opinión individual como la norma ultima de referencia, surge el nuevo paradigma de los derechos LGBT, construidos por grupos minoritarios para expresar sus deseos y elevarlos a la categoría de derechos humanos por la vía de facto; Es decir construidos por leyes pura y simplemente impuestas sin las referencias antes expuestas.
El éxito de estos grupos en imponer estas legislaciones es haber logrado minar las organizaciones supranacionales como la ONU, y las altas esferas de muchos gobiernos que han podido comprar con el favor político y el cabildeo, para reclamar como derechos humanos los deseos de una minoría organizada y beligerante.
En conclusión, hoy se están tratando de legitimar supuestos derechos que están bien torcidos, y que no resisten el menor análisis de cordura y racionalidad. Esto no es más que un ejemplo de donde ha caído una humanidad que ha decidido renegar de Dios y ha dado un salto al vacío, como dice la escritura que “profesando ser sabios se hicieron necios”.
Uno de estos filtros, quizás uno de los más importantes es la universalidad de dicha pretensión. Este era un requisito indispensable para arribar a la categoría de derecho inherente a todos los humanos.
La universalidad se refiere a que dicha aspiración debe ser común a todos, o al menos a la gran mayoría de los seres humanos: el derecho a la vida, a la libertad, etc.
Otro aspecto importante en el establecimiento de la legitimidad de un derecho humano era el argumento natural, es decir, que el derecho reclamado tenía que encontrar una correspondencia racional con la realidad para ser auténtico. Yo no puedo aspirar a convertir en derecho algo que la misma naturaleza niega en su demostración más primaria; los derechos humanos tenían que mostrar un soporte lógico que podíamos ver en la naturaleza del hombre y del cosmos que le rodeaba.
De esa manera surgió el concepto jurídico conocido como iusnaturalismo (derecho natural). Por ejemplo, si yo quiero que mi mascota sea considerada como un ser humano esto sería imposible de aceptar, porque es muy fácil detectar según el orden natural y racional de las cosas, que mi mascota no es humana.
En la Declaraciones de Derechos de Virginia de 1776, que sirvió de base a la constitución norteamericana de 1787, y en la Declaración de los Derechos del Hombre de Francia de 1789 vemos el argumento natural como un filtro indispensable:
Por ejemplo, la Declaración de Virginia 1776 antepone como premisa de los derechos reclamados el argumento natural: “todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes, y tienen ciertos derechos inherentes, de los cuales, cuando entran en un estado de sociedad, no pueden ser privados o postergados…”. Aquí se expresa que la naturaleza misma de las cosas nos declara verdades sobre la esencia del hombre, y que algo podría ser considerado un derecho porque la naturaleza nos da prueba de que es inherente a la esencia misma del hombre. Es decir, no es construido o fabricado, sino algo que le pertenece desde el vientre materno.
En la famosa Declaración de los Derechos del Hombre de Francia de 1789, modelo para el desarrollo de los derechos humanos a través de la historia, dice “Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea nacional,…. Han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre,… para que las reclamaciones de los ciudadanos, en adelante fundadas en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos…”
Aquí vemos como el derecho natural es equiparado a un principio simple e indiscutible, es decir la naturaleza se sobrepone a todo argumento espurio que quiera contradecir el orden natural de las cosas, lo cual, a los ojos de los autores de esta declaración sería un gran absurdo.
Cuando un hombre con órganos sexuales naturales masculinos quiere que los demás lo consideren una mujer, es una pretensión que carece de las bases que construyeron los fundamentos de los derechos humanos.
Hoy en día, en el reino del relativismo ultranza, de la entronización de la opinión individual como la norma ultima de referencia, surge el nuevo paradigma de los derechos LGBT, construidos por grupos minoritarios para expresar sus deseos y elevarlos a la categoría de derechos humanos por la vía de facto; Es decir construidos por leyes pura y simplemente impuestas sin las referencias antes expuestas.
El éxito de estos grupos en imponer estas legislaciones es haber logrado minar las organizaciones supranacionales como la ONU, y las altas esferas de muchos gobiernos que han podido comprar con el favor político y el cabildeo, para reclamar como derechos humanos los deseos de una minoría organizada y beligerante.
En conclusión, hoy se están tratando de legitimar supuestos derechos que están bien torcidos, y que no resisten el menor análisis de cordura y racionalidad. Esto no es más que un ejemplo de donde ha caído una humanidad que ha decidido renegar de Dios y ha dado un salto al vacío, como dice la escritura que “profesando ser sabios se hicieron necios”.