¿Logramos liberarnos de Haíti?

FABIO R. HERRERA-MINIÑO
Ayer se cumplieron 164 años de la ocasión cuando un puñado de intrépidos jóvenes, con algunos más viejos y residentes en la ciudad, decidieron sacudirse del dominio haitiano, que ya tenía 22 años de duración y resultaba muy odioso para un conglomerado humano de sólidas raíces hispanas y decidieron liberarse de ese oprobioso dominio.

Después de la ocasión histórica de 1844, los antiguos dominadores de la parte oriental intentaron, en periódicas oleadas invasoras, recuperar el territorio que heroicamente eran rechazados por una fuerza de valientes dominicanos, que si bien la mayoría había sido entrenada por los propios ocupantes de Occidente, tenían su decisión de poseer un territorio libre de toda potencia extranjera como proclamaba el Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte.

Pero lo que Haití no pudo conseguir por la fuerza de las armas, 164 años después lo ha ido consiguiendo, callada y tenazmente, con la invasión pacífica de miles de sus ciudadanos que encuentran en el territorio dominicano su sustento y aportan una mano de obra esencial en diversas áreas del desarrollo dominicano como es la construcción, turismo y la agropecuaria.

Además, la fecha de ayer es para una buena parte de la población sinónimo de fiesta de carnaval. Toda la atención está puesta en ese jolgorio fuera de estación, en que los pueblos invierten dinero y entusiasmo para hacerlos cada vez más llamativos y coinciden con la fecha patria del 27 de Febrero. Es la ocasión que los gobiernos aprovechan para realizar una exhibición de poderío militar, sacando a las calles, al mar y al aire sus hombres y unidades mecánicas de defensa bélica o de ataque, algunas ya obsoletas, para que pasen frente al Presidente de turno. A la vez es un meta-mensaje para los únicos que en este siglo les interesaría enfrentarnos, aun cuando ya escogieron el camino de la invasión pacífica imparable.

Ya comienza a presentarse o vislumbrarse en el horizonte la necesidad de sentar las bases para una vez por todas garantizar una liberación y separación adulta de Haití. Por el desarrollo local, los hemos superado desde hace años, de forma tal que el empuje del crecimiento ha estimulado una invasión masiva frente a un acelerado proceso de devastación de su territorio, fruto de la voracidad de sus habitantes para acabar con todos sus bosques.

No va a ser una tarea fácil establecer relaciones responsables por la mentalidad de los políticos, cuyos intereses no están sintonizados para defender la nacionalidad frente a una efectiva y hábil agresión diplomática de parte de Haití. Ya nadie se acuerda que una vez Haití nos cercenó una parte del territorio de cerca de cuatro mil kilómetros cuadrados, cuya ocupación se les reconoció por el acuerdo fronterizo de 1929.