Los 80 de mis amores

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POR ALEXIS MÉNDEZ
Fueron los años en que decidí no vivir si me faltaba un disco. Los días en que pude absorber toda la expresión que se paraba frente a mí, y que me proporcionó la base para crear opiniones. Momentos en los que hasta llegué a pensar que podía ser músico, cuando pisaba los acordes de una vieja guitarra que había en la casa, o intentaba tocar las tumbadora de mi padre.

Yo era un adolescente que como los demás fui víctima de la sorprendente capacidad adquirida por la industria discográfica de ese tiempo para atraer a la juventud con los diferentes catálogos. Era tanta mi afición que dejaba de merendar y guardaba el dinero para comprar los LPs de moda. Llegué a coleccionar producciones de Durán Durán, Adam and the Ants, Spandan Ballet y otros grupos englobados dentro de lo que se llamó el movimiento “New romantic” del pop.

Son recuerdos llenos de nostalgia. La memoria me retrata, con mis jeans Levi’s y mi T-shirt Op, cantando las canciones de Rick Atley, o muriendo de envidia ante la euforia que causaba el grupo “New kids on the block” en las chicas de mi escuela.

Fueron años agitados y ataviados de excentricidades. Que vieron en Indiana Jones al súper héroe del momento, que le sonrieron a los atrevimientos y locuras de Madonna, y aplaudieron las innovaciones del baile y el ritmo de Michael Jackson.

Fue una época dorada, donde MTV involucró la imagen al mundo musical. Los videos clips se convirtieron en la nueva vía de promoción para los artistas, y el aparato de VHS el canal que me llevó a grabar muchos de ellos. Cuando la edad me permitió entrar a los clubes nocturnos, me embriagué con el sonido de “Depeche mode”, y los tecnos de “Human league” y “Heaven 17”. También vibré con “The Police, U2, New Order, y Elvis Costello.

En mi barrio era otra cosa. Allí, la moda era aprender a tocar la guira. Aprendí a ejecutarla al compás de los merengues de Alex Bueno y Dionis Fernández. Además hice sentir un cencerro con las salsas de Eddy Santiago, Frankie Ruiz y Paquito Guzmán. Y por supuesto, canté las crónicas de Rubén Blades: “Decisiones” y “El padre Antonio y el monaguillo Andrés”.

Muchos la han calificado como la década perdida. Para mí fue más que el decenio de “Los casa fantasmas”. Fueron los 80 de mis amores. Los que culminaron con el esplendor de 4-40, y las letras románticas de Bon Jovi, que hicieron más liviano el rock pesado. Sonidos que en ocasiones rechacé, pero que hoy engrandecen mi emoción cuando advierto su calidad y legado.

Esa fue la música, mi música de los años 80.

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