Los agujeros rosados

Federico-Henríquez-Gratereaux

Los cosmólogos de la actualidad han puesto a circular la expresión “agujeros negros”. Denominan así lugares determinados del espacio en los cuales hay una concentración de masa, tan grande, que genera un “campo gravitatorio”. Todas las partículas son atraídas o “succionadas” por el hoyo negro; ni siquiera la luz escapa a la atracción de esos agujeros intergalácticos. Se dice que estos misteriosos “objetos estelares” tienen “geometría cuasi-esférica”. También los físicos opinan que dos agujeros negros pueden “fundirse” y convertirse en uno sólo. Nos han convencido de que el universo contiene tales huecos traga-partículas, traga-energías, traga-gases. Roger Penrose y Stephen Hawking afirman que cuando muere una estrella del tipo “gigante roja”, o sea, treinta veces más grande que el sol, se produce un hoyo negro.
A la muerte de una estrella se le llama “colapso gravitatorio”. Quiere decir, aproximadamente, que cuando algo se hunde arrastra tras sí todo lo que está alrededor. Ahora, periodistas y escritores a quienes no interesa la física ni la cosmología, dicen: “he caído en un hoyo negro”, cuando se sienten deprimidos o ahogados por un “cúmulo” de problemas familiares o de trabajo. Las muchas publicaciones de divulgación científica, organizadas o escritas por Stephen Hawking, han permitido que los “agujeros negros” alcanzaran popularidad. Ahora resulta que los problemas políticos o económicos crean situaciones terribles, que también pueden ser llamadas “hoyos negros”.
El caso es que somos “sorbidos” por el aparato rotatorio de los acontecimientos sociales. La fuerza de los hechos negativos -asesinatos, bombardeos, actos de terrorismo, catástrofes naturales- actúa sobre el hombre común como un agujero negro en el espacio-tiempo. Los medios de comunicación se encargan de mantener “a la vista” esos agujeros tenebrosos que nos arrastran al dolor, a la angustia o al desencanto. Esos sucesos, truculentos e ingratos, nos impiden “disfrutar el momento”.
Todo ello nos lleva a desear la existencia de “hoyos rosados” que no estén situados en la vía láctea; sino localizados a poca distancia de nuestras casas; lugares que ofrezcan las ventajas de un club privado y los servicios de un hotel de cinco estrellas; donde también se pueda escuchar música sinfónica y ver películas de los grandes cineastas del pasado inmediato. “Hoyos rosados”, perfumados y sonoros.