LOS BUENOS DIAS
Sólo para mayores (y II)

RAFAEL MOLINA MORILLO
Prosigo con las formulas de David Niven en su libro “La mejor parte de la vida”, que, en esencia, afirma que la segunda mitad de la vida puede ser

mejor que la primera, si tenemos en cuenta estas recomendaciones: * Hay que ver lo bueno, no sólo lo malo de las transiciones. Después de los 40 se presentan cambios duros de aceptar, pero en muchos casos esos cambios tienen un componente positivo -se abren puertas a nuevas posibilidades.

* Disfrute la naturaleza. Salir al campo es muy saludable para el cuerpo, la mente, el espíritu y el corazón. Por esas cosas mágicas de la vida, la belleza de lo natural inspira, relaja y distrae.

* Reconozca que la vida en muchos frentes se descomplica. Es cierto que para algunas cosas ser joven trae sus ventajas, pero también es verdad que para muchas otras tener cierta edad implica alivio. El 60 por ciento de la gente mayor de 50 años afirma que siente menos estrés, menos ansiedad y más aprecio por la vida que cuando tenían 10 ó 20 años menos.

* Haga trabajo voluntario. Ayudar a personas necesitadas no sólo es una noble causa, sino un gran remedio para tensiones propias. Quienes ayudan al prójimo que sufre registran 72 por ciento más de satisfacción con la vida, que quienes no lo hacen.

* Nunca se rinda. Sea lo que sea, pase lo que pase, simplemente nunca se rinda.

* En la medida de lo posible camine, no use su carro. Estudios demuestran que las personas que se desplazan a pie tienen menores niveles de estrés que los que recorren trayectos similares en vehículos.

* Comparta lo que sabe. En la primera mitad de la vida se acumulan abundantes y valiosos conocimientos. Enseñarle a otra persona lo que se ha aprendido es una forma de contribuir a su mejor futuro. Y es una manera de aumentar la autoestima y la sensación de haber vivido una vida interesante.

* No se guarde sus problemas. Contar sus dificultades a amigos y familiares, sin convertirse en una carga, es una fórmula efectiva para aliviar presiones nocivas. Los adultos jóvenes, por orgullo, se tragan sus preocupaciones, lo cual produce una gran indigestión emocional.

* Convierta su hogar en un paraíso. Haga todo lo posible porque su casa sea un sitio ideal: espacio para el descanso, el entretenimiento, una vida familiar estrecha, fuente de tranquilidad, lugar para desarrollar sus pasatiempos, un remanso de paz. Esto le ayudará a aliviar más fácilmente las hostilidades del mundo externo.

* Perdone. Pensamos que perdonar es algo que hacemos a favor de quienes nos ofenden, pero en realidad el principal beneficiario del perdón es quien lo da, porque descarga su rabia y su dolor. Perdonar no es un signo de debilidad sino de fortaleza. Ensaye a perdonar y verá cuánto gana.

* Asegúrese de que sus alegrías sean más ruidosas y más frecuentes que sus irritaciones.

* Vaya más allá de los formalismos. A partir de cierta edad, para realmente aprovechar las relaciones interpersonales hay que olvidarse de los títulos, de las cuentas bancarias y de los apellidos ilustres, para concentrarse en la esencia de los seres humanos. Así es que se descubren las verdaderas joyas que son las que en realidad alegran la vida.

* Haga ejercicio. Practicar ejercicio al menos media hora diaria es fundamental para conservar no sólo la buena salud física sino la mental.

Investigaciones comprueban que el principal beneficio del deporte frecuente es de naturaleza sicológica, más que física. Es además, una manera eficaz de despejar los nubarrones y las telarañas que se posan sobre las cabezas sedentarias.

* Tenga amigos muy cercanos. La gente que tiene buenos amigos logra niveles de satisfacción con su vida 19 por ciento superiores al que tienen los ‘llaneros solitarios’. Y son 23 por ciento más optimistas.

* Vuélvase un niño. En lo posible, y sin exagerar, trate de mantener sanas actitudes infantiles: curiosidad, vitalidad, capacidad de reírse con facilidad, gusto por los juegos, sinceridad y un sentido de liviandad.

* Escuche música todo el día. La música produce espléndidos efectos positivos en todas las dimensiones del ser humano. Para trabajar, para leer, para cenar, para cantar, para estudiar, para soñar, etc., la música es una compañía perfecta.

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