LOS BUENOS DIAS
Una fábula de Samaniego

RAFAEL MOLINA MORILLO
El tema de cuán diferentemente funciona la justicia frente a los poderosos y a los infelices, es manejado con gracia y maestria por Félix María Samaniego en una de sus fábulas, que transcribo sin mayores comentarios:

En los montes, los valles y collados,
de animales poblados,
se introdujo la peste de tal modo
que en un momento lo inficiona todo.

Allí, donde su corte el león tenía,
mirando cada día
las cacerías, luchas y carreras
de mansos brutos y de bestias fieras,
se veían los campos ya cubiertos
de enfermos miserables y de muertos.

-Mis amados hermanos

-exclamó el triste Rey-, mis cortesanos,
ya véis que el justo cielo nos obliga
a implorar su piedad, pues nos castiga
con tan horrenda plaga.

Talvez se aplacará con que se le haga
sacrificio de aquel más delincuente,
y muera el pecador, no el inocente.

Confiese todo el mundo su pecado.

Yo, cruel, sanguinario, he devorado
inocentes corderos,
ya vacas, ya terneros,
y he sido, a fuerza de delito tanto,
de la selva terror, del bosque espanto.

-Señor –dijo la Zorra-, en todo eso
no se halla más exceso
que el de vuestra bondad, pues que se digna
de teñir en la sangre ruin, indigna,
de los viles cornudos animales
los sacros dientes y las uñas reales.

Trató la corte al Rey de escrupuloso.

Allí del Tigre, de la Onza y Oso
se oyeron confesiones
de robos y de muertes a millones;
mas entre la grandeza, sin lisonja,
pasaron por escrúpulos de monja.

El Asno, sin embargo, muy confuso
prorrumpió: -Yo me acuso
que al pasar por un trigo este verano,
yo hambriento y él lozano,
sin guarda ni testigo,
caí en la tentación: comí del trigo.

-¡Del trigo! ¡Y un Jumento!

-gritó la Zorra-. ¡Horrible atrevimiento!

Los cortesanos claman: -Este, este,
irrita al cielo, que nos da la peste.

Pronuncia el Rey de muerte la sentencia
y ejecutóla el Lobo a su presencia.

Te juzgarán virtuoso,
si eres, aunque perverso, poderoso;
y aunque bueno, por malo detestable,
cuando te miran pobre, miserable.

Esto hallará en la corte quien la vea,
y aun en el mundo todo, ¡Pobre Justicia!
(Contribuído por el Ing. Johnny Sierra)
r.molina@verizon.net.do