Los cafés británicos para aprovechar comida saltan al mundo

Imagen referencial. Fuente externa.
Imagen referencial. Fuente externa.

LONDRES. Cuando Adam Smith abrió un café en el norte industrial de Inglaterra, en el que sirve platos con comida que iba a terminar en la basura, tenía grandes aspiraciones: acabar con el desperdicio de alimentos.

“Desde el primer día pretendí alimentar al mundo y tengo la intención de hacer eso”, dijo con ambición el fundador de un imperio ético, el Real Junk Food Project (Proyecto comida chatarra real, RJFP).

El primer café de la red abrió hace dos años en un humilde centro comunitario en el distrito desfavorecido de Armley, en Leeds, y el proyecto cuenta ahora con 120 establecimientos afiliados en todo el mundo, incluyendo Australia, Francia, Corea del Sur, Estados Unidos y, más recientemente, Nigeria.

“La gente está empezando a darse cuenta de que somos una organización seria”, dijo Smith, que acaba de participar en un acto para sensibilizar a los diputados británicos alimentándolos con comida rescatada de contenedores de basura de supermercados.

El concepto es simple y consiste en obtener alimentos que de otra manera se habrían tirado -porque su fecha de caducidad ha vencido o porque son invendibles bajo las reglas comerciales, como la fruta con un moratón- y convertirlos en comidas perfectamente comestibles.

Desde que se inició el proyecto en diciembre de 2013, se han “interceptado” casi 200 toneladas de alimentos, dijo Smith.

Aproximadamente un tercio de los alimentos producidos cada año en el mundo para el consumo humano se pierde o se desperdicia, según la ONU.