Los colores de Milton Félix

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La pintura de Milton Félix es una invitación a un viaje músico-visual, la entrada a un mundo dinámico de libertad y creatividad. Cuando estamos frente a uno de sus cuadros, algo sucede. Es que hace participar al visitante de una forma particular, captándolo en la dinámica interna de sus creaciones.

Su mundo está hecho de libertad y creatividad. Generalmente, Félix empieza esbozando una hoja, forma interesante que puede ser multiplicada y descompuesta, sin perder su estructura.

A partir de esta hoja, que funciona como matriz, el artista va buscando y desarrollando su propio vocabulario. Así, trabajando sin fin sobre este esbozo, llega a un punto que le permite hacer aparecer una construcción plástica, basada en un expresionismo particular.

Sin embargo, en sus obras aparecen influencias diversas entre orfismo y arte abstracto, pero sobre todo una especie de abstracción lírica, como en la pintura del suizo Gérard Schneider que siempre busca en la forma una manera de expresarse.

Del orfismo de Delaunay, Félix hereda una forma de propagación de ondas. En el orfismo, la idea es que la luz descompone en colores las formas.

Ahora bien, en la obra de Milton percibimos no solamente la transposición del efecto vibratorio del sonido en ondas, sino también un espontáneo juego de colores. Justamente, el universo de Félix es libre como lo son la difusión del sonido en el aire y las ondas que se propagan en la superficie del agua.

Sus pinceladas se propagan de la misma manera, a través de un movimiento libre y constante cuyo único código es la libertad de expresión. Exprimir la esencia de las cosas, hacer visible la libertad del color y de la línea, es lo que más define las creaciones de Félix.

La línea y los colores son la impulsión que confiere una dinámica interna a los cuadros. Muchos de ellos muestran de manera sumamente clara una explosión de materia colorida.

El fondo parece un receptáculo donde percute un pedazo de materia original, que tocando esta pantalla se dispersa en las manos del pintor en una miríada de formas coloridas y luminosas.

Como un director de orquesta, el artista da el tono a esta sinfonía. Él sabe poner cada forma, elegir cada tono de color, dar a cada línea su rol, para que todo ello constituya una composición.

Esta difusión de formas tiene como base la improvisación. Para Félix, todo debe evocar la libertad de la línea y del color.   El azul del lado izquierdo entra en resonancia con el azul derecho. Lo mismo pasa con la forma. Aunque todo esté en movimiento por sus pinceladas rápidas y nerviosas, sus cuadros emanan un equilibrio casi mágico. Es una verdadera proeza. La materia pictórica trasciende de su condición material para dar vida a los elementos de la obra.

La utilización y presencia de la escritura es particularmente interesante. Escribir es para cualquier artista un empeño intelectual, cuyas dos funciones son el sentido de las palabras y  la forma de hacer las letras, que da un ritmo a la composición.

Además la escritura constituye una dimensión aparte, un pedazo dentro de la composición y un campo de investigación sin fin. Pierre Alechinsky, pintor belga, usa mucho esta técnica, con un estilo cercano al expresionismo abstracto.

Félix considera que aparte de ser un medio de expresión, la escritura juega un papel pictórico sumamente importante: parecido a la partición de música, da un ritmo suplementario a sus composiciones.

La representación humana, si bien presenta las características vistas anteriormente, tiene la particularidad de ocupar una gran parte del espacio del cuadro, además de conferir cierta verticalidad a la obra.

Ver los cuadros de Milton Félix nos brinda la oportunidad poco frecuente de acercarnos a una forma de expresión de libertad y de alegría de vivir, aliada a un sentido artístico siempre presente.

Biografia del artista

Milton Félix nació en  Santo Domingo, en marzo de  1968. Comenzó  a temprana edad los estudios de música, desarrollándose   en el clarinete. Estudio con Armando Abreu en el Edem, así como en el Conservatorio de Música (1987 1992).

En 1993 estudió con Miguel Valenzuela color y dibujo. En 1994 y hasta el 1999, se matricula en la escuela de Bellas Artes, después de haber terminado sus estudios de música.

Ha participado en varias colectivas, y ha realizado seis exposiciones individuales, en este momento está preparando una que se montará el próximo año.

Actualmente se dedica también a la  música colaborando con artistas de todas las vertientes musicales.

Adicionalmente desarrolla su proyecto El Ensamble, con  músicos dominicanos, e imparte clases de música y pintura.