Los convidados de piedra

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Una particularidad de nuestra sociedad es que muchos de sus integrantes no se dan por aludidos cuando algún asunto atañe directamente a la colectividad. O eluden las responsabilidades con el consuelo de echarle la culpa a otros. Somos una sociedad de los convidados de piedra, mudos, ciegos y sordos que no se dan por enterado a la hora de las responsabilidades.
Y ahora no hay que ir muy lejos para analizar esa costumbre de los convidados de piedra. Y es que con el caso de la soberbia corrupción patrocinada e implementada por la empresa brasileña Odebrecht estamos contemplando cómo muchos de los acusados alegan inocencia y en ningún momento se mancharon con dinero agradable y fácil que les llegaba a manos llenas desde Brasil.
Cuando se conocieron los casos de coerción para el grupo de imputados de corrupción por el caso de la Odebrecht, la mayoría pertenecientes al partido de gobierno y ostentando altos cargos, imperaba en el ambiente el grito de inocencia. Además el perjuicio moral que significaba la mancha indeleble que se posaba en sus reputaciones locales. El estigma que se derramaba en sus reputaciones de bien en una sociedad que los apreciaba se ha convertido en un lastre para su futuro.
Nunca se había llegado con los casos de corrupción originados en el sector oficial hasta los límites que ahora se debaten. Y también se enjuician, de manera que al querer ser convidados de piedra en acciones de limpieza moral, no podrán alegar inocencia. Si las pruebas son contundentes y bien sustentadas por el Ministerio Público, algunos cargarán con la culpa. De esa manera brotará por un tiempo una nueva moral de los temores para no verse descubiertos. Esa es la nueva actitud para ser más precavidos a la hora que la tentación los venza y resurjan las actitudes de aprovecharse de los cargos. Es costumbre de los políticos estar a la cacería de las posiciones que ofrezcan muchas oportunidades, donde hay mucha grasa para ellos y sus seguidores. Se resienten y hasta rechazan diplomáticamente si le ofrecen cargos en donde no hay los estímulos que todos los políticos aspiran.
La opinión pública ha sido estremecida por el escándalo de la Odebrecht. La contundencia de las manifestaciones de la Marcha Verde en los pasados seis meses ha servido para mantener vivo en la gente el repudio a la corrupción y a la impunidad. Se procura de que nadie se escape de los hechos que patrocinaron para enriquecerse con el dinero del Estado. Fue una suerte que así fuera para el maltrecho nombre del país. Al llegar desde el exterior las denuncias y acusaciones, la clase política del país no tenía fuerzas ni recursos para tapar la magnitud del cohecho. Y es que aquí todo se tapa y se diluye en complicidades de la justicia y de las autoridades. Todos protegen sus fuentes de ingresos extras. Tan solo por la peculiar forma y dimensiones de este soberbio soborno es que las cosas se han destapado señalando responsablemente los culpables.
Ha sido saludable que los funcionarios en sintonía con la corrupción dejen de ser los convidados de piedra y carguen con sus acciones dolosas. Algunos han sido señalados con la pruebas llegadas desde Brasil para desatar los preámbulos de un juicio que hará historia. O se perderá en la memoria descartada de una computadora o en un polvoriento archivo
También ha servido para que las acciones tímidas del PEPCA se espabilen y emprendan acciones en los expedientes archivados por conveniencias políticas. Pudiera ocurrir que ahora los funcionarios y los que aspiran a serlo actúen más comedidamente en sus labores. Deberán frenar sus apetitos de enriquecimiento desde una función pública y que el dinero de las recaudaciones sea respetado y destinado para lo que fue presupuestado. Pero esto no va a estar exento de las tentadoras comisiones que reciben los funcionarios cuando aprueban los pagos de un contrato en que los agraciados manifiestan su agradecimiento con obsequios muy generosos. Mas si sus contratos son objeto de enmiendas o adendas para aumentar su valor original.
Pero ahora el fisco esta muy atento para descubrir esos ingresos extras que no se declaran pero que visiblemente se manifiestan en una prosperidad distinta a cuando vivían humildemente sin ostentar bonanzas. Y recuérdese que los 14 acusados de la corrupción de Odebrecht han sido investigados por sus declaraciones de la renta donde algunos manifiestan extraordinarios cambio de un año para otro. Ahora los convidados de piedra han transformado sus características físicas para ser reales y punibles de castigo para que paguen por sus delitos a la sociedad.