Los desafíos de la democracia y la crisis de representación política

Eddy Skinner, M. A.

Establecer criterios y fundamentos que nos permitan fortalecer el sistema democrático de cualquier país no es tan sencillo, y quizás a simple vista parece fácil de analizar. Sin embargo, al profundizar sobre las implicaciones que caracterizan la democracia, observaremos que no basta con el establecimiento de mínimas condiciones para decir que tal o cual sistema, país u organización es democrático, más aun si consideramos que la democracia es condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de los pueblos.
Las distintas doctrinas, ideas y pensamientos sobre los sistemas de representación política, democracia y estado de derecho no pueden caer en la ingenuidad de establecer que la democracia es perfecta, por el contrario se deben buscar mecanismos que nos permitan fortalecer el sistema político, social, económico y cultural, y avanzar hacia nuevos horizontes, con nuevos paradigmas que contribuyan a superar la crisis de representación política o desafección, los atavismos y desafíos de la democracia.
¿Por qué no puede llegar a ser perfecta? Simple, el análisis publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2004), titulado: “La democracia en América Latina: hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos”, insistió en que “la democracia es una actividad permanentemente inconclusa”. Esto quiere decir que, por más garantista que tienda a ser un sistema político, nunca llegará al punto máximo de consagrarse, y por ende, no se mantendrá estático, ya que, son muchos los peligros a los que puede estar expuesto un sistema democrático, entre ellos, el más grave, la crisis de representación o desafección política.
En tal sentido, la tarea de democratizar y fortalecer el sistema político y sus instituciones debe ser un valor de alta dimensión, una actividad que nunca concluye y que cada día amerita ser atendida.
La democracia está estrechamente relacionada con la lucha por la libertad, la justica y el progreso. Es por eso que tiene un carácter permanente que no se detiene, que por el contrario, se mantiene en movimiento constante.
Todo esto implica cambiar el statu quo, promover mayores espacios de libertad, de ejercicio de derechos, combatir frontalmente la desigualdad y generar un ambiente de mayor y mejor calidad de vida para la gente. Además, romper con el círculo vicioso entre igualdad y crecimiento económico.
No nos debe faltar el ánimo jamás de luchar por mantener un sistema democrático que día a día avance hacia nuevas tendencias que garanticen el establecimiento de un verdadero estado de derecho, fundamentado en el respeto irrestricto de los Derechos Humanos, la transparencia en las instituciones del Estado y en los partidos políticos. Todo esto debe contribuir a incentivar la participación de la ciudadanía y superar la crisis de representación política, la desconexión entre ciudadanos y la política.