Los desalojados del Metro

En un país en el que todavía aparecen damnificados del huracán David y la tormenta Federico (1979) hay que tomarse muy en serio la preocupación de 178 familias desalojadas hace tres años del sector Hoyo de la Zurza para dar paso a las obras de la primera línea del Metro de Santo Domingo. Las autoridades prometieron alojar a estas familias en apartamentos, pero todavía permanecen en los barracones provisionales a los que fueron mudadas tras el desalojo. Ya 40 de los apartamentos están construidos, está inconclusa la segunda etapa de 16 unidades y no ha sido iniciada la tercera etapa de 80 viviendas. La preocupación de estas familias es por la incertidumbre de cuándo serán alojadas en las nuevas viviendas.

Tres años parece tiempo suficiente para haber cumplido el compromiso de reubicar a estas familias, cincuenta de las cuales viven en barracones a orillas del río Isabela. Con la temporada ciclónica a la vuelta de la esquina, estas familias temen a la expectativa de convertirse en damnificadas de una riada. Lo razonable sería que se les informe cuándo serán terminadas las viviendas faltantes y por qué no han sido entregadas las que están listas. Ya el Gobierno inició las obras  de la segunda línea del Metro y es previsible que se produzcan nuevos desplazamientos. Sería prudente ir cumpliendo  con los primeros desplazados, que llevan tres años de espera.

De lo higiénico a lo étnico

La manipulación inadecuada y venta de alimentos en las calles parecía un problema meramente de higiene, pero el director de Salud Ambiental de la Secretaría de Salud Pública, Luis Emilio Roa, enfoca el asunto desde un punto de vista étnico. Así, el área que dirige tiene un enfoque especial hacia los haitianos dedicados a esas tareas, por ser “incontrolables” y los más numerosos en el negocio callejero. Sin duda, la falta de vigilancia sanitaria en la venta de alimentos trasciende lo étnico.

En establecimientos formales también suele haber manipulación inadecuada de alimentos, pero la “sanidad” parece ocuparse poco de esa parte del problema y no hace visitas sorpresa a cocinas e instalaciones sanitarias a  negocios, que  no son precisamente de haitianos. Líbrenos Dios de que alguna ONG preocupada por el trato que damos a los haitianos tome este argumento de una autoridad dominicana como indicio de supuesta xenofobia.