Los desórdenes en Universidad

Da pena y vergüenza que a estas alturas la más vieja universidad del Nuevo Mundo sea escenario frecuente de actos vandálicos que afectan a los estudiantes, profesores y empleados que asisten al centro a cumplir sus deberes.
Esto lesiona también las residencias y negocios que circundan a la institución y a los ciudadanos que pasan por el lugar en sus vehículos, viéndose expuestos a las agresiones de un pequeño grupo de revoltosos.
Ante la frecuencia de estos hechos, improcedentes en los tiempos que vivimos, surgen varias interrogantes, la primera es: ¿Por qué las autoridades universitarias no ponen alto a esta situación?
¿Será que piensan que el desorden les conviene para colocar en las primeras páginas de los periódicos y en los noticiarios radiales y televisivos el tema del aumento de presupuesto?
¿O es que, pese a tener un numeroso cuerpo de seguridad interna, les tienen miedo a los desaprensivos que a la vista de todos organizan los censurables y odiosos actos de violencia?
La verdad es que con estos constantes desórdenes, la Universidad Autónoma de Santo Domingo no está proyectando la imagen favorable necesaria para concitar el apoyo del pueblo en sus justos reclamos de aumento presupuestal.
Aumento, cuya necesidad nadie discute, como tampoco se discute la necesidad de una mejor administración de sus fondos, evitando gastos superfluos como la compra de jeepetas de lujos para sus funcionarios, para solo citar un ejemplo.
Pero, al margen de estos aspectos de la problemática universitaria, hay que insistir en que si quieren ganar el favor del pueblo en su lucha, tienen que erradicar de sus campus los actos vandálicos.