Los desvaríos del PRD

En medio de un crítico panorama económico, social e institucional que genera un amplio disgusto de la ciudadanía, el principal partido de oposición parece empeñado en iniciar una disputa por la candidatura presidencial para los comicios del 2012 a tres años y medio de su realización.

            La renovación de los principales cargos directivos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), programada para junio del 2009 está desatando una lucha interna que, independientemente de su potencial divisionista, reafirma una imagen caótica y desvincula a esa organización de las expectativas de la sociedad.

            En el fondo de la situación subyace la dificultad de los perredeístas y gran parte del pueblo dominicano, de aceptar las consecuencias del juego democrático y atenerse a los mecanismos institucionales.

Lucha sin tregua.  Es obvio que los perredeistas no se han dado tregua para iniciar la lucha por la candidatura presidencial del 2012.  Pocas semanas después de los comicios de mayo pasado ya quedaron configurados tres aspirantes. El derrotado candidato Miguel Vargas Maldonado consideró que habiendo obtenido el 40 por ciento de los votos, merece una segunda oportunidad. El Comité del PRD en Puerto Rico ya lo proclamó su candidato.

Por su parte, el doctor Luis  Abinader hizo pública su decisión de optar por la nominación y comenzó a crear su propia estructura, mientras el ex presidente Hipólito Mejía iniciaba una reestructuración de sus seguidores relanzándose en competencia con Vargas Maldonado y desde luego con los dirigentes y organismos del partido.

Desde ya se advierte que dirigentes y cuadros perredeístas empiezan a actuar en función del grupismo, dificultando las decisiones en la Comisión Política, de por sí un pesado organismo hipertrofiado con una matrícula de 292 miembros.  Lo del Comité Ejecutivo Nacional es historia patria con dos mil 87 integrantes. Llevan varias semanas tratando de designar una comisión organizadora de la convención que el 12 de junio del 2009 debe renovar los principales cuadros directivos.

Aunque el PRD presentó un proyecto de reforma constitucional sólo para establecer la elección de una Asamblea Constituyente como mecanismo para una reforma de fondo de la carta magna, no ha fijado posición sobre el proyecto de nueva Constitución del presidente Leonel Fernández,  pese a que la mayoría del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) en las cámaras legislativas se apresta a aprobar una convocatoria de  la Asamblea Revisora que se reuniría en el corto plazo de 15 días después de promulgada la ley correspondiente.

Falta de un líder.  Uno de los problemas que confronta el PRD es la ausencia de un líder con proyecciones nacionales, después de haberse acostumbrado a un liderazgo fuerte como el que ejercieron tanto Bosch como Peña Gómez, lo que exacerba la lucha de grupos y le impide proyectarse como real alternativa encarnando ilusiones de cambio.

            Hipólito Mejía malversó las posibilidades  de constituirse en ese líder tras su elección presidencial en el 2000, no sólo por los desaciertos gubernamentales que se le atribuyen, sino también por haber desconocido el anti reeleccionismo que su partido había enarbolado históricamente. Recuérdese que el PRD perdió la primacía en el electorado con su frustratoria reforma constitucional del 2002,  como lo demostró la encuesta Penn & Shoen un mes después. Desde entonces ocupa el segundo lugar.

            Vargas Maldonado fue candidato presidencial por los recursos económicos de que dispone, parte de los cuales fueron objeto de fuerte cuestionamiento, sin antes haberse constituido en un líder nacional ni haber reivindicado los principios programáticos del perredeísmo. Mejoró su discurso en la campaña electoral pero cometió el error de haber dejado en segundo plano hasta los símbolos de su partido y no logró impactar en el segmento fundamental de los que carecen de militancia partidista.             

En una reciente carta pública el comunicador perredeista Nelson Marte cita al consultor Jeddu Mascoretto, quien tras una encuesta en 1999 habría concluido en que “más que candidaturas, los perredeístas ansiaban un nuevo liderazgo”. Para lograrlo se requiere no sólo dinero, sino, y sobre todo, discursos y propuestas inspiradoras, capacidad para unir, carisma y vínculos con la sociedad.

Partido autodestructivo.  Peña Gómez solía decir que “sólo el PRD destruye al PRD” tratando de enfrentar la debilidad histórica de ese partido de vivir en continua confrontación interna, como expresión de las dificultades de la sociedad dominicana para acogerse a los principios democráticos y respetar sus instituciones.

            El artículo 187 del estatuto dice que “queda prohibido terminantemente, so pena de severas sanciones, la promoción de candidaturas para cargos dentro del partido y de elección popular con más de tres meses de anticipación a la convención que habrá de elegir”. Faltan 7 meses para la convención que elegirá los dirigentes y ya están en campaña. Y deben faltar más de dos años para que elijan candidato presidencial y hace meses que empezaron la promoción.

Algunos se conforman con señalar que no es un mal particular de ellos, puesto que aquí ni la Constitución se respeta, mucho menos el paquete de reformas legales e institucionales aprobadas en las últimas dos décadas.  Ignoran que una parte cualitativa de la sociedad espera el respeto de las normas siquiera cuando se está en la oposición.     

            En particular a los perredeistas se les ha revestido de una imagen de anárquicos, sumatoria de grupos que desafían sus propias normas y se combaten como enemigos a través de los medios de comunicación. Cuando lograron unirse en la oposición, ganaron las elecciones, como ocurrió en 1963, en 1978 y en el 2000, pero una vez en el poder reprodujeron las luchas grupales.

            Después de una tercera derrota electoral consecutiva, en vez de canalizar las insatisfacciones sociales, se lanzan sin miramiento a la lucha interna, lo que sin duda es otro elemento negativo en medio de la descomposición y la enorme corrupción, del auge del narcotráfico y la delincuencia, de las crecientes dificultades económicas y la crisis energética, y del irrespeto a la institucionalidad democrática que se advierte en el país.

            Los desvaríos del perredeísmo le impedirán aprovechar las debilidades y el desgaste del peledeísmo gobernante para restaurar la sintonía con la sociedad que malversaron en su última gestión de gobierno sobre todo a partir de su oportunista reforma constitucional de 2002.  

Controlar el partido en una convención

  La primera meta en el camino hacia la candidatura presidencial parece ser el lograr el control del partido en la convención de junio próximo, para lo cual ya se mencionan al menos cuatro candidatos: Enmanuel Esquea, Julio Maríñez, Tomás Hernández Alberto y Juan Carlos Guerra, mientras el actual titular, Ramón Alburquerque, se ha reservado la decisión de volver a optar. Para la secretaría general ya hacen campaña Guido Gómez Mazara y Jesús Vásquez.

            Lo último e inesperado es la carta de 55 de los 66 legisladores perredeistas reclamando que Vargas Maldonado se postule para presidente del partido,  respaldada posteriormente por 45 de los 52 síndicos, según HOY del jueves 13.

            La petición  desconoce que el artículo 185 del Estatuto del PRD establece que “El Presidente, el Secretario General, y los secretarios de Organización y de Asuntos Electorales no podrán aspirar a las candidaturas para Presidente y Vicepresidente de la República y demás cargos electivos, antes del término del mandato para el cual fueron elegidos, aunque renuncien”. El mandato es por cuatro años, según el artículo 172.

            Esos aprestos ya han agitado a los otros que aspiran a la candidatura presidencial y la guerra sería total si Vargas Maldonado incurre en el error táctico de aceptar su nominación a la presidencia del PRD, lo que galvanizará la lucha grupal abierta para consumir las energías de ese partido y hacer conflictiva la convención de junio.

            Si Vargas Maldonado tiene tan amplio respaldo debería ser el último en desafiar el estatuto orgánico de su partido y en  desatar con tanta anticipación la lucha por la candidatura presidencial. Lo lógico sería tratar de auspiciar una presidencia de consenso que relance y mantenga la unidad partidaria.

            El argumento de que Juan Bosch y Peña Gómez fueron presidentes del partido y candidatos a la vez no fundamenta el caso de Vargas Maldonado por dos razones básicas: que aquellos eran líderes no solo del perredeismo, sino nacionales, y que los estatutos entonces no lo prohibían.