Los diez mandamientos para ser buenos padres en estos tiempos de cambios

Por lo  regular los niños juegan a ser los papás de las muñecas, en ese momento todo parece ser color de rosa, sin embargo, convertirse en padres no es una travesura, implica muchas responsabilidades y cambios en la vida.

Y es que esta etapa comprende muchas transformaciones que van desde dejar de lado varias de nuestras  actividades  favoritas, lograr mantener un buen clima familiar y aprender a identificar lo que los bebés nos dicen con su  llanto o con su sonrisa.

De seguro  que muchos que se está preparando para tener sus hijos o que la cigüeña decidió sorprenderlos, se han hecho la siguiente pregunta: ¿Seremos buenos padre para nuestros hijos

¡Vivir!  aprovecha que estamos en el Mes de la Familia para compartir un decálogo básico para convertirse en los extraordinarios padres.

Por su puesto de la mano de una experta en temas de parejas y familia como la doctora Ana Simó.

Mandamientos

Estar seguros de que desean traer un hijo al mundo: de acuerdo con la doctora Ana Simó los niños deseados y planificados son más felices y lo demuestran en su conducta incluso ya siendo adultos.

Prepararse para el cambio que va a sufrir sus vidas y estar conscientes de que tendrán bastantes sacrificios: no fiestas, sí malas noches y todo lo demás.

Ponerse de acuerdo en la educación que desean darle al niño: “ambos padres pueden extraer los mejores valores de sus familias  y educar bajo esos principios su hijo”.

Ser auténticos: es importante que los padres actúen con naturalidad para que sus hijos en el futuro hagan lo mismo. O sea enseñarles a aceptarse tal como son.

Respetar las preferencias de nuestros hijos: no querer realizar nuestras frustraciones y sueños de nuestra niñez en los hijos. Esto no significa que debemos ser permisivos, sino  lograr concertar con ellos.

Buena comunicación: desde el embarazo los niños perciben todo. Por esa razón hay que enseñarlos a comunicarlo todo en casa  y en su medio.

La familia: desde pequeños  hay que enseñarles el respeto por la familia y valorarla.

No pierdas nunca la paciencia: difícil, pero no imposible. Por más que parezcan estar desafiándote con sus gestos, sus palabras o sus negativas, nuestro objetivo prioritario ha de ser no perder jamás los estribos.

Prohíbele menos, elógiale más: para un crío es tremendamente estimulante saber que sus padres son conscientes de sus progresos y que además se sienten orgullosos de él.

Enséñale a valorar y respetar lo que le rodea: un niño es lo suficientemente inteligente como para asimilar  los hábitos que le enseñan sus padres. No es preciso mantener un ambiente de disciplina, sino una buena dosis de constancia.