Los dólares van a correr

Según lo que se oye en la prensa, los dólares van a correr por calles y carreteras. Por fin nuestros niños se darán el lujo de decir “¡mami me encontré un dólar!”, en vez del antiguo y desgastado “¡mami me jallé un peso!”, al toparse con algún dólar perdido “juyendo” por la autopista.

Con nuestra economía dolarizada, con todo vendido y comprado en dólares, no hay duda que seremos otras personas, hasta los bolsillos cambiarán de aroma. Podremos notar que los plátanos -cuando se compren en dólares- se verán más llenos y saludables, e incluso la ropa adquirirá un olor como a Nueva York. Sin embargo, hay temores.

Hay quienes piensan que los dólares sí correrán, pero correrán tan rápido que ningún pobre podrá alcanzarlos. Esa preocupación ha motivado el crecimiento de la afluencia de personas al parque Mirador para entrenar en la corredera a fin de estar preparados para cuando comiencen las carreras en pos de las verdes papeletas. Hasta la compañía Leidsa, auspiciadora de la Loto, ha estado llevando al Mirador una tarima móvil con un entrenador, que acompañado de música está dirigiendo entrenamientos para poner a la gente en forma de caerles atrás a los dólares.

Algunos cabos faltan por atar todavía. Por ejemplo, sabiendo que todo se pagará en dólares, ¿dejará la gente que los recogedores de botellas se las lleven para venderlas en dólares, pudiendo ésta recibirlos directamente? Y los que venden caña en pedazos pelados, ¿cobrarán también en dólares? Yo creo que la gente preferirá buscar su caña por sí misma antes que dar dólares por un par de pedazos.

Otro cabo suelto es el de los cambistas. ¿A qué se dedicarán estos esforzados hombres de la economía callejera? Yo creo que el Congreso debe emitir una ley otorgándoles una pensión a cada uno de ellos ¡en dólares!, naturalmente. Además, donarles un pulgar, un índice y un anular a los que sufrieron mayor desgaste durante todos estos años de lucha con las divisas.

Por otro lado, no sería de extrañar que alguien proponga una especie de moneda paralela para el equilibrio estético que demandará la introducción del dólar en el diario manejo dominicano. Es decir, estéticamente se vería grosero que uno compre una libra de ñame y lo pague con dólares. Cosa que no ocurriría si con los mismos dólares compramos una caja de “corn flakes”, de “pancakes”, o un pavo para el “thanksgiving day”.

Para comprar batata, ñames, mapueyes y similares habrá que seguir utilizando los pesos, así como para pagarle a los limpiabotas, a los limpiavidrios, semaforeros y a los zacatecas, por lo menos hasta que empiece a salir el petróleo de Charco Largo.

Porque ahí es que vamos a resolver. Desde que se eleve a la altura del Pico Duarte el chorro del petróleo de Charco Largo ahí mismo comenzará la devaluación del dólar. Es más, usted verá el peso comprado al 40 por 1, y la gente queriendo salir de sus dólares cambiándolos por pesos.

Una valla, dos caras y un teatro

En una de las altas vallas publicitarias de la autopista Duarte se pueden ver dos caras diferentes, una a cada lado. La que se ve yendo de sur a norte es la de Leonel Fernández. La que se ve yendo de norte a sur es la de Eduardo Estrella.

Y no hay mejor similitud con el teatro y la simbología que lo representa que esta valla de la carretera más importante del país. Una de las caras sonríe, mientras que la otra hace todo lo contrario.

De su lado, Eduardo Estrella -dizque “encojonao”-, clama que “el país no aguanta más”, aunque no se dice qué es lo que no aguanta, si el precio de las manzanas californianas y todo el lujo importado que impuso Balaguer o el negociazo de los políticos.

Por su lado, Leonel Fernández proclama que con él “estábamos mejor”, lo cual es una burda mentira, porque con quien estábamos mejor era con Horacio Vásquez, en cuyo gobierno se compraban dos libras de carne de res por un centavo, una docena de huevos por una mota, un millar de plátanos por cinco centavos y así por el estilo.

Cualquier gobierno pasado fue mejor, y cada gobierno presente será mejor que el que le siga, así como es peor que el que le antecedió. Leonel no bajó ni siquiera una canción por internet, y todo subió de precio con relación al último gobierno de Balaguer. Igualmente, cada gobierno de Balaguer subió los precios y cada gobierno del PRD también. De gobierno en gobierno y de subida en subida, el pollo, por ejemplo, en 1967 era a 32 centavos la libra, y ahora está a 33 pesos la misma libra.

El país no aguanta más teatro y estábamos mejor con Horacio.

Carmencita naturista

Carmencita, nieta de doña Carmen Lora, ya domina parte de las artes de sacarle provecho medicinal a las plantas, y poco a poco se va incorporando a la importante red de productores de medicamentos que en algunas zonas rurales de la República Dominicana va ganando terreno demostrando que la salud está en la tierra y la naturaleza.

En la Casa IDEA, de la que hablamos hace algunas semanas y donde están doña Carmen y Carmencita, podemos encontrar aceite de berrón, útil para los resfriados, la gripe, dolores musculares, neuralgias, mala circulación y reumatismo. Es también estimulante del crecimiento del cabello, bueno contra la caspa y contra el cabello grasoso.

El aceite de citronela es también bueno para la gripe, además es bueno para las migrañas, la fatiga, contra el sudor excesivo y funciona como repelente. El aceite de eucalipto se recomienda contra el asma, laringitis, inflamaciones de la garganta y fiebres, infecciones de hongos, cortaduras, caspa, herpes y es repelente contra las cucarachas. El aceite de ozúa es muy bueno para el reumatismo y los dolores musculares, alivia la tos y los catarros bronquiales, sirviendo también como gárgara contra la amigdalitis.

Los aceites pueden usarse para masajes, baños, inhalaciones, gárgaras, enjuagues, compresas, aromatizadores, velas perfumadas y como champú y cremas.

El kiosko Casa IDEA está en el kilómetro 6 de la carretera que sale de Cotuí a Maimón… de Maimón a Cotuí también la encuentra. Puede contactarse a Casa IDEA al celular 670-5249.

El museo del camión

En Puerto Plata tenemos al Museo del Ambar, en Santiago al Museo del Folclor, en la capital tenemos al Museo del Hombre y al Museo Jamón, y en la carretera tenemos al Museo del Camión. Un tanto itinerante, pero museo al fin y con varias sucursales, cual de todas más destartalada.

Como si se tratara de modernas y poderosas máquinas, en nuestras carreteras podemos encontrar algunos camiones que menos que andar se arrastran, muchas veces con cargas que a duras penas soportan. Algunos van con tal destartalamiento que usted puede ver a través de sus cabinas como si fuera una radiografía donde se aprecia un chofer sin camisa y en chancletas, como si estuviera en el patio de su casa.

No existe en estos camiones el menor indicio de seguridad, ni para el conductor ni para el resto de usuarios de la carretera. Aparte de toda la contaminación que van dispersando -y siendo el camión mismo parte de esa contaminación- estos “museos” se mueven como monstruos de pesado andar, como obstáculos móviles y como fantasmas a los que ningún agente policial de carreteras puede ver, tocar o siquiera oler.

A veces parece que se trata de estampas turísticas tercermundistas, puestas a caminar en las carreteras para que los turistas se asombren de la capacidad de aguante de estos “vehículos”. Otras veces se les encuentra agotados, rezongando, acezando en alguna curva, y hasta pudiera pensarse que se trata de experimentos para determinar la capacidad de producción de contaminantes o monitorear el ritmo cardíaco de sus conductores.