Los escrúpulos de María Gargajo

POR HAMLET HERMANN
El anecdotario popular recoge la manía de una señora llamada María quien fregaba meticulosamente el cascarón de los huevos de gallina antes de cocinarlos y luego escupía sobre el sartén para detectar cuándo estuviera a punto el aceite en que los freiría. A esa paradoja de excesiva meticulosidad por un lado y un asqueroso comportamiento por el otro es lo que se conoce como “los escrúpulos de María Gargajo”.

Algo semejante está ocurriendo entre los neo-nacionalistas del patio con el caso de la dominicana Sonia Pierre. Los patrioteros cuestionan la nacionalidad de esa señora al tiempo que regatean la legalidad del Movimiento de Mujeres Dominico-Haitianas (MUDHA) que ella dirige. Mientras, durante largos años ellos han sido capaces de vincularse íntimamente con lo más vergonzante de la vida política de República Dominicana y de Haití.

El motivo de esta hostil persecución contra Sonia Pierre no es el racismo ni el anti-haitianismo. A ella le “han caído encima los palitos” en ese sector de ultra-derecha sólo porque defiende a los pobres haitianos que en territorio dominicano son explotados sin misericordia. Si a ella se le hubiera ocurrido formar parte del grupo que auspicia en nuestro país la presencia de Raoul Cedras y otros militares que abusaron del pueblo haitiano mientras gobernaban, tendría ahora su foto enclavada en las revistas sociales.

Si la señora Pierre hubiera estado entre los auspiciadores del haitiano Marzouka, aquel que controlaba el fraude con los premios de la Lotería Nacional, quizás tendría una gran fortuna en los bancos, aunque no tan grande como la de los fundamentalistas de derecha.

Si la dominicana Pierre utilizara el carisma que transpira y traficara con seres humanos para su explotación en la industria azucarera nacional, a lo mejor tendría una villa vacacional en La Romana.

Si Sonia fuera parte del negocio que mantienen en la frontera dominico-haitiana los militares, los políticos y los empresarios de ambos países, es posible que estuviera ocupando un cargo consular y enriqueciéndose con la venta de visas o pasando chinos de contrabando para enviarlos a Estados Unidos con documentos falsificados.

Desgraciadamente para ellos, Sonia Pierre se conforma con reclamar enérgicamente un trato humano para los que, como ella, son descendientes de haitianos.

Quien esto escribe es también hijo de inmigrante en primera generación. También me ha tocado ser perseguido y torturado por defender a los pobres de la Tierra. Considero que Sonia Pierre y yo somos más dominicanos que aquel fundador de la República que en 1861 traicionó su nacionalidad y anexó este país a cambio de un título nobiliario de poca monta aunque nunca pudo eliminar el desprecio que le prodigaban los colonialistas españoles.

Somos más dominicanos que aquel hijo de inmigrante y empresario azucarero que se prestó en 1922 a encabezar un gobierno títere mientras las tropas estadounidenses de ocupación suplantaban al Estado dominicano y asesinaban a quienes defendían la patria.

Somos más dominicanos que aquel Coronel de la Fuerza Aérea que en 1965 se prestó para servir de condón y firmar la carta usada por Lyndon B. Johnson para enviar 42 413 militares a violar de nuevo la soberanía, ocupar el territorio nacional y asesinar miles de dominicanos.

Somos más dominicanos que aquel General que, luego de participar en la muerte de Trujillo, auspició el derrocamiento del presidente Juan Bosch y se ofreció a encabezar en 1965 el gobierno inventado por la Casa Blanca para oponerse al gobierno constitucional presidido por Francisco Alberto Caamaño Deñó.

Somos más dominicanos que aquel Presidente de República Dominicana que puso su cargo a disposición del presidente Nixon a cambio de que Estados Unidos les aumentara la cuota azucarera a los empresarios criollos.

Somos más dominicanos que dos personajes que ejercieron la Presidencia de República Dominicana habiendo nacido en Cuba y en Puerto Rico, y más que algún Secretario de Relaciones Exteriores que nunca ha renunciado a la nacionalidad estadounidense.

Mientras, los patrioteros de ultra-derecha han mantenido y mantienen sociedades y relaciones coincidentes con aquellos que, en los momentos difíciles de la patria dominicana, han optado por apoyar a los que más niegan la nacionalidad y el patriotismo que nos legaran los Trinitarios.

Sonia Pierre es dominicana, más dominicana y más humana que los que acostumbran unirse a lo peor de la sociedad para defender los fraudes y los gobiernos de fuerza que en nada han beneficiado al pueblo que nosotros representamos.

En resumen, Sonia Pierre es más dominicana que los fundamentalistas que ahora la agraden, todo esto por atreverse a defender la integridad del ser humano.