Los esfuerzos iniciales del gobierno

BIENVENIDO ALVAREZ-VEGA
Hay que convenir que en los dos meses y días que lleva en el poder la administración Fernández ha habido un esfuerzo notable para limpiar las cuentas públicas del país, internas y externas, con el objetivo muy específico de sentar las bases para el relanzamiento de una economía que el gobierno del PPH desestabilizó, estropeó y dejó en estado anémico.

El gobierno estaba y está obligado a este esfuerzo, porque si no lo hacía la economía seguiría metida en un atolladero y sus dolencias se harían mayores y más profundas. Es como un enfermo de cuidado, que hasta que no mejora o se sana no puede dar pasitos y mucho menos tomar un camino largo y fatigoso. Porque la economía dominicana estaba postrada, como lo saben los técnicos y economistas profesionalmente honestos que tomaron parte en el gobierno del PPH.

De acuerdo a conversaciones esporádicas y muy de pasillos sostenidas con algunos funcionarios importantes de este gobierno, ellos tenían informaciones estadísticas locales y externas que presentaban un cuadro preocupante del país pero una vez asumieron las posiciones gubernamentales que ahora ocupan encontraron una realidad peor e increíble, casi de pánico.

Los cuatro años de gobierno del PPH fueron, según se observaba desde la opinión pública y de acuerdo a las evidencias ahora disponibles, años de administración errática, medalaganaria y carente de objetivos precisos y definidos. Pero el último año fue de frenesí, en una carrera alocada por permanecer en el poder y por mostrarse invencible.

Siempre dijimos que el principal daño que el gobierno del PPH hacía al país era el extraordinario desprecio que casi todos sus funcionarios de jerarquía mostraron, con el ciudadano Hipólito Mejía a la cabeza, hacia las instituciones públicas, hacia las normas establecidas por la Constitución de a Repúblicas, las leyes adjetivas, los reglamentos, decretos y las ordenanzas. El “todo se puede desde el poder” se instaló como un principio-rey y prevaleció a largo de todo el cuatrienio.

Estos lodos, pues, son hijos de aquellos polvos, como reza el refranero popular. Sólo es posible cosechar lo que se siembra, lo mismo en el área agrícola que en la economía, en la policía y en la sociedad.

Creo, entonces, que la administración Fernández no tenía opción. El imperativo del cuadro de crisis heredado obligaba a concentrarse en el reordenamiento de la casa, en poner en marcha las instituciones, en recuperar el sentido de orden, en la limpieza de las finanzas, y se comenzó por donde había que empezar, que no era otro sector que el económico.

Comprendemos, pues, los esfuerzos que se han estado haciendo ante el gobierno español en busca de recursos en monedas duras, en procura de un aliado en el Club de París y en el Fondo Monetario Internacional. Estos esfuerzos tienen lógicas: España es el principal inversionista extranjero de la República Dominicana, es el principal acreedor entre los miembros del Club de París y el presidente del FMI es un distinguido economista y político español.

En esta misma línea de razonamiento hay que valorar las iniciativas del Banco Central de la República para reducir los efectos financieros del déficit cuasi fiscal y las negociaciones con el gobierno de Venezuela en busca de facilidades crediticias para la importación de petróleo.

Estos son problemas gruesos, muy gruesos, a los cuales se suma una cuestión que ha sido, por varios años, el principal dolor de cabeza de la sociedad dominicana, particularmente de las familias y de las empresas: la crisis energética.

La República Dominicana de hoy en día reclama de gobernantes inteligentes y decididos, pacientes y trabajadores, porque hay dificultades sociales, políticas, económicas, militares y policiales que podrían, de no enfrentarse como se debe, disminuir el deseo de democracia que tienen la mayoría de los dominicanos.

Y digo deseo de democracia con plena conciencia. Porque creo que la noción democrática que vive y practica nuestra sociedad no pasa de ser un deseo, un interés, una aspiración. Para que tengamos una sociedad democrática faltan instituciones funcionales y esto es, precisamente, de lo que más carece esta nación.

Pero volvamos al comienzo. El gobierno ha venido haciendo unos esfuerzos para restaurar las condiciones primarias imprescindibles para que el país se ponga en condiciones de impulsar el equilibrio y el crecimiento económico. Estos esfuerzos deben ser reconocidos por la opinión pública y, además, pedir que sean cada vez mayores y más profundos.

bavegado@yahoo.com