Los estampados ganan el verano de Dior y Gaultier

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París. Dior Homme partió de una frase del fundador de la casa y Gaultier de los jeroglíficos egipcios para crear unos estampados que declinaron sobre diferentes prendas y texturas, en sus respectivas colecciones de hombre de primavera-verano con las que dieron alegría hoy a la Semana de la Moda de París.

Kris Van Assche, director artístico de Dior Homme, encontró en los archivos de la “maison” unas palabras de Christian Dior que resaltaban la importancia de mantener las tradiciones, y las imprimió sobre camisas, pantalones o corbatas.   Cuando se apoderó de una prenda, la caligrafía escribió hasta la última línea de tejido, en un contraste cromático de blanco, negro, azul o vaquero.   En contraposición con esta solemne escritura, Van Assche tomó la alegre paleta de los “graffiti” y garabateó en rojo, azul, lila, naranja o amarillo los últimos modelos que desfilaron sobre la pasarela instalada en el Tennis Club de París.   “Me ha gustado mucho, es muy juvenil y con mucho colorido”, aseguró a Efe el actor madrileño Miguel Ángel Muñoz, quien añadió que le gustó descubrir unos estampados “muy atrevidos” en su primer desfile de la firma en la capital francesa, donde reside estos meses de verano.   El modisto Karl Lagerfeld y el actor Lambert Wilson también descubrieron desde la primera fila otras constantes de Dior, como las líneas horizontales y el “look” marinero, que encontró su punto álgido con un impermeable amarillo.

Fue muy estimulante el tándem azul-amarillo, que se reprodujo en los revisitados trajes de tres piezas con chaleco de punto y en las siluetas frías con abrigo cítrico.   El recuerdo a los ochenta y noventa llegó de la mano de las prendas en “denim” desgastado y, sobre todo, de la cazadora vaquera, que se llevó con pinceladas callejeras sobre un elegante conjunto.

El título original de la colección de hombre de Jean Paul Gaultier fue “Memphis”, pero nada tiene que ver con la ciudad de Elvis, sino con el movimiento arquitectónico e industrial homónimo de los años ochenta y con la importante metrópoli del antiguo Egipto, Menfis.   Gaultier creó un código propio de jeroglíficos en el que integró las imágenes tradicionales de los dioses con iconos actuales, y que convirtió en el estampado estrella de su temporada estival.   Como la colección se presentó en su “showroom”, se podía apreciar que, junto a Ra y otras divinidades, el modisto francés cosió o estampó los símbolos de femenino y masculino, una plancha, un carrito de la compra, unas tijeras, una antena, unos cubiertos o un avión.

La mezcla de estilos propias del grupo Memphis se reflejó en unos diseños variados que incluyeron el estampado de una margarita que se derrite, la emblemática marinera de la casa o el encaje.   El icónico corsé de Gaultier quedó delineado con unos lazos que fueron cerrando mangas o perneras, mientras que el juego de masculino y femenino confluyó en unos “kilt” sobre pantalón.

El surcoreano Songzio llevó la organza al guardarropa masculino de tal manera que los abrigos y chaquetas brillaron con transparencia en un movimiento comedido.   La madera fue el hilo conductor de un desfile que se celebró en el céntrico barrio de Le Marais, uno de los epicentros de la moda por sus múltiples tiendas en sus estrechas e irregulares calles.

Los estampados en blanco y negro fueron un acierto en una colección en la que Songzio también desarrolló las marcas verticales, como las vetas de la madera, y aplicó franjas doradas sobre camisetas de rejilla.   Junto a unas estatuas realizadas con vigas, los modelos se vistieron de negro, blanco, azul marino y naranja rojizo.   Los trajes de chaqueta se presentaron con manga por encima del codo y las bermudas ostentaron tanto vuelo que se convirtieron en faldas.

La firma también apostó por las túnicas, que se llegaron a presentar bajo una americana, y las sandalias alternaron las tiras negras con las doradas.