Los estudios geopolíticos en las Fuerzas Armadas (2 de 2)

EDUARDO KLINGER PEVIDA
En el Caribe, en las inmediaciones de las costas dominicanas, se encuentran – efervescentes – los principales focos de conflictos del Hemisferio: Colombia, Venezuela, Cuba, Haití. ¿No resulta de importancia estratégica y del mayor relieve para la seguridad nacional que militares y demás entes de la sociedad civil conozcan a profundidad esas realidades?

Todos sabemos que el Caribe se encuentra a mitad de camino entre los productores y los principales consumidores de narcóticos y que por ello, y por sus realidades geopolíticas, representa un punto ideal para los intereses de los narcotraficantes. ¿Podemos desentendernos de esa realidad?

Por su ubicación geográfica y las realidades socioeconómicas de la región, en el Caribe se produce el más importante flujo de seres humanos y de trata de blancas hemisférico, lo cual es visualizado cada vez más como un problema de seguridad nacional para los Estados Unidos. ¿Es realista tratar de mantenernos al margen? ¿Acaso en el contexto regional la República Dominicana no es tanto destino como origen de corrientes migratorias? ¿Puede desconocerse que el país ha sido arrojado al medio del conflicto entre los EE.UU y Cuba al ser utilizado como trampolín por potenciales emigrantes cubanos que buscan el beneficio de la Ley de Ajuste Cubano – que concede a los cubanos el derecho a la residencia al tocar territorio norteamericano – por la cercanía a Puerto Rico? ¿No es cierto que todo ello compromete intereses de seguridad nacionales?

En el Caribe se ha denunciado una presencia creciente de la mafia rusa y del contrabando de armas. ¿No sería irresponsable hacer como el avestruz y pretender desconocer esos desafíos y los riesgos que conlleva para la tranquilidad nacional? ¿No es lo correcto hacer que los más amplios sectores de la sociedad civil conozcan esa realidad?

¿Todas esas realidades no convierten al Caribe en un punto de interés y atención priorizada desde el punto de vista de la lucha antiterrorista?

¿Ya la mayor parte de los dominicanos han tomado conciencia de su condición de “caribeños”? ¿Se conoce en la República Dominicana a cabalidad la realidad caribeña? ¿No llena entonces un importante vacío la realización de un programa que contribuya a hacer conocer al Caribe?

En el país se conoce bien la realidad norteamericana, a dos horas de vuelo, tanto por condiciones históricas como por razones socio-económicas, encontrándose en el “Norte” la mayor parte de la diáspora dominicana. Sin embargo, ¿se puede seguir viviendo sin mirar al “Sur” en donde apenas a una hora de vuelo hay un mundo cultural y político muy diferente, con comunidades musulmanas, hindúes, budistas y otras?

El Programa de la Especialidad en Geopolítica del Gran Caribe ha incluido un viaje de estudio a Trinidad & Tobago, un notable socio económico-comercial del país, que ha significado una extraordinaria experiencia para los dominicanos participantes -militares y civiles – que en su mayoría no habían imaginado una realidad tan versátil en nuestro propio “vecindario”. 

Por el Caribe transita una buena parte del petróleo y otros recursos hacia el mercado norteamericano lo cual lo convierte en un objetivo de prioridad en la agenda de seguridad nacional norteamericana. ¿Podemos vivir al margen de esos intereses?.

En el Caribe se encuentra la mayor concentración de pequeños estados a nivel mundial. En ninguna otra parte del mundo podemos encontrar una concentración igual de estados insulares muy pequeños en territorio, en población y en economías de escala. Ello representa desafíos pero también oportunidades para la economía nacional. ¿ Seguiremos ignorándolo?.

En ninguna otra parte del mundo podemos encontrar la pluralidad política que nos rodea. Entre los estados independientes encontramos regímenes presidencialistas, parlamentarios, monarquías parlamentarias, gobiernos socialistas. Entre las dependencias tenemos territorios de Francia y de Holanda, colonias británicas y hasta el engendro único a nivel mundial de un “Estado Libre Asociado”. ¿No es necesario el conocer bien esas realidades? ¿No nos ayudaría a un diseño de políticas más efectivas?

Hemos venido actuando hasta ahora como si creyéramos que todo nuestro futuro depende de América del Norte y Europa. Es cierto, debemos desarrollar capacidad para insertarnos sólidamente en esos mercados. No obstante, a la vez, debemos saber aprovechar la realidad de nuestros mercados naturales y su potencial. ¿No debiéramos conocer a cabalidad la región para ser capaces de convertirnos en un pivote económico – comercial de la misma? ¿Hay quien no se ha dado cuenta todavía de que ya – casi sin percatarnos – en el Gran Caribe tenemos a algunos de los principales socios comerciales como Venezuela, Colombia, México y Trinidad & Tobago? ¿Acaso por desconocimiento no hemos visualizado el potencial que debemos de encontrar en Centroamérica, Cuba y Haití, así como en las pequeñas islas del Caribe?.

República Dominicana ha estado ausente de los mecanismos de integración regionales. Los que deben de ser su eje de acción en esa dirección llegan hasta sus playas. ¿Hasta cuando se estará ausente?

Todo eso – y mucho más – se estudia y debate dentro del programa académico. Son ya decenas los oficiales superiores y entes de la sociedad civil; representantes de los partidos políticos, de universidades, empresarios, funcionarios y otros que se han adentrado con satisfacción – a pesar del alto rigor de exigencia académica que se les exige – en la realidad geopolítica del Gran Caribe.

Sinceramente, creo que ha sido muy inteligente y de alto valor estratégico el promover el más profundo conocimiento del Caribe. Es una región que cada día más debe ocupar un lugar destacado en el diseño y ejecución de nuestras políticas.

El Gran Caribe es nuestra realidad, no es otra; y la geopolítica el instrumento idóneo para adentrarnos en su estudio y conocimiento.