Los Evangelios y otros escritos canónicos

Los Evangelios y otros escritos canónicos

Jesus de la Rosa.

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El problema de los orígenes del cristianismo y de sus fases de evolución hasta el momento en que devino en la religión dominante del ya decadente Imperio Romano, no presentan solamente un interés académico. Su solución es igualmente importante para esclarecer el carácter de dicho credo; también, para poner de manifiesto las causas materiales de su nacimiento y de su triunfo sobre muchas otras religiones que pretendían el mismo papel. Los intentos de examinar los documentos de los primeros tiempos de la era cristiana, en tanto que fuentes históricas, en ocasiones han chocado con la oposición formal de las altas autoridades eclesiásticas, las que casi siempre han preferido presentar la Sagrada Escritura como un artículo de fe, como un texto donde cada palabra se debe a la revelación.
A pesar de la profusión de trabajos dedicado a los diversos aspectos de la historiografía del cristianismo primitivo, tratadistas y teólogos todavía están a la espera de un estudio más acabado sobre tan importante tema. ¿En qué fecha y lugar aparecieron los Evangelios y demás escritos canónicos? Teólogos del catolicismo sitúan la composición de los Evangelios de San Mateo, San Marcos y San Lucas a mediados del Siglo I, y el de San Juan hacia el año 80, deduciéndose de esto que el Nuevo Testamento existía ya por completo en la segunda mitad del Siglo I después de Cristo. Proclaman que el orden cronológico de los libros del Nuevo Testamento corresponde a su orden en el Canon, siendo, los Evangelios previos a las Epístolas y éstas al Apocalipsis de San Juan, precediendo el Evangelio según San Mateo al de Marcos y el de éste al de San Lucas. Pero, investigadores de la Universidad de Tubinga estiman como artificial dicho esquema, sin más finalidad que la de poner a salvo la autoridad de cada palabra del Nuevo Testamento. Afirman que los teólogos de la Iglesia Católica han dispuesto los libros en orden inverso al de su aparición. Sostienen que el Evangelio según San Marcos es más antiguo que el de San Mateo y que el Apocalipsis de San Juan es más antiguo que los Evangelios.
Los escritos antiguos sobre los orígenes del cristianismo no estuvieron a salvo de las falsificaciones y deformaciones que a menudo ocurrían en la antigüedad. En el texto canónico del Nuevo Testamento se conservan notas sobre avisos contra las frecuentes deformaciones de las Sagradas Escrituras, tal y como lo hace San Juan al final de su Apocalipsis: “Si alguien le añade algo, Dios le castigará con las plagas descriptas en su libro, y si alguien cercena algo del libro de esta profecía, Dios amputará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descripta en este libro”. Otros escritos cristianos antiguos encierran advertencias similares a ésta. Era que los imperativos de la lucha contra las herejías obligaban a la Iglesia católica y ortodoxa a depurar continuamente de los textos canónicos todo lo que les pareciera herético. Los teólogos católicos y ortodoxos hacen resaltar la diferencia existente entre los escritos canónicos y los apócrifos, recordando que cada palabra de los primeros proviene de la revelación divina, en tanto que los segundos se deben al pensamiento de humildes mortales.
En la Encíclica Providentissimo, el Papa León XIII, subrayando el carácter divino de la inspiración de los evangelistas, escribió que los mismos “transmitieron con impecable fidelidad la palabra de Dios y nada más que esta palabra” La cuestión de saber qué obras había de entrar en el Canon y cuáles no dejó suscitar discusiones, según atestiguan escritos de los primeros tiempos. La fijación definitiva de los textos canónicos vino a tener lugar a mediados del Siglo II en un sitio y a comienzo del Siglo V en otro.

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