Los gérmenes atacan de nuevo

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En las últimas décadas, los avances médicos y farmacológicos han sido espectaculares: se han erradicado plagas como la viruela, controlado epidemias mediante la vacunación masiva, y ganado la batalla a innumerables infecciones gracias a los antibióticos. Pero han surgido nuevos microbios depredadores que constituyen una creciente amenaza para el siglo XXI.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) prevé que en las dos próximas décadas se producirá un hecho clave para la salud mundial: resurgirá con virulencia la tuberculosis, asociada al avance del sida y la pobreza en el mundo.

Además, en los próximos decenios, la ciencia enfrentará el contraataque de numerosos gérmenes, en una batalla de desenlace incierto, porque muchas bacterias causantes de enfermedades e infecciones se han vuelto resistentes a la antibioterapia que las combatían, planteando un serio desafío a la medicina.

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) se situará entre las diez principales causas de enfermedad en el año 2020, y la OMS ha advertido que el avance de la epidemia será dramático en los países del Tercer Mundo, pobres en recursos médicos, a diferencia de las naciones ricas, donde gracias a los tratamientos combinados, el mal ha sido estabilizado y mejora la calidad de vida de los pacientes, considerados ahora enfermos crónicos.

[b]El sida en el tercer mundo[/b]

Para los países más pobres, que son los más castigados por los males infecciosos y no pueden costear los caros fármacos antirretrovirales, que han permitido controlar la enfermedad en el mundo desarrollado, la ansiada vacuna contra el sida, prevista para las próximas décadas, puede llegar demasiado tarde.

Para muchos expertos es aventurado hablar de plazos para la vacuna anti sida, habida cuenta de la gran mutabilidad del VIH, que cambia su estructura molecular, para hacerse resistente a los fármacos que lo combaten; por ejemplo, el virus genera resistencia al fármaco AZT en todos los enfermos, que llevan uno o dos años de tratamiento.

Sin embargo, los últimos avances contra la enfermedad, que se prevé infectará a principios de este siglo a unos cuarenta millones de personas en todo el planeta y contra el cual se están desarrollando actualmente más de veinte vacunas con distintas técnicas, permiten adelantar como se combatirá esta pandemia.

Los tratamientos actuales, consistentes en cocteles de dos o tres fármacos que inhiben las sustancias o enzimas que ayudan al virus a reproducirse, ya han logrado disminuir los síntomas de la enfermedad y retrasar su desarrollo; el siguiente paso consiste en inmunizarse contra la dolencia y derrotarla.

[b]El enigma de las africanas[/b]

Una de las vías de investigación más prometedoras se centra en la inmunidad natural de un grupo de mujeres africanas, que no han desarrollado la enfermedad pese a estar en contacto con el VIH.

Si se repite lo ocurrido con otras muchas enfermedades de origen vírico, hacia el año 2020 se habrá conseguido una vacuna profiláctica, es decir que inmunice contra la enfermedad, como sucede con la viruela, la difteria o la polio.

Con el nuevo arsenal terapéutico, los enfermos tendrán una mejor calidad de vida y, como ya sucede ahora, la mortalidad seguirá descendiendo, al transformarse el sida en una enfermedad crónica y controlable. Al menos en los países más desarrollados.

¿Qué nuevas enfermedades amenazarán nuestra salud y calidad de vida? Los expertos temen a los agentes infecciosos desconocidos, como virus, bacterias, parásitos u hongos. Son gérmenes que atacan por primera vez a los seres humanos y que se propagan rápidamente por el mundo gracias a los modernos medios de transporte, que movilizan cada día a cientos de miles de personas de un continente a otro.

Cada dos o tres años surgen nuevos agentes patógenos para los cuales no hay tratamiento eficaz, engrosando una larga lista de “enfermedades emergentes”, en la que figuran males como la Legionella, el parvovirus, nuevas cepas víricas de herpes y de hepatitis, el hantavirus, el Ebola africano, la enfermedad del Nilo occidental o la denominada neumonía asiática o SARS.

[b]Los virus que vienen[/b]

Según los expertos en “virus emergentes”, estos microorganismos tienen una larga relación de hospedaje con una especie animal a la que no hacen daño, hasta que “saltan” a los seres humanos, como puede suceder con la influenza aviar o “gripe del pollo”.

Uno de los virus que pueden causar más problemas en el futuro es un viejo conocido: el de la gripe, que mató a 20 millones de personas en todo el mundo, a comienzos del siglo XX y del que se sabe existen cepas enormemente virulentas.

El virus gripal se contagia con tal rapidez, que si esas cepas reaparecen, serían muy difíciles de controlar, y aún no se dispone de una vacuna buena. Este virus ha sido muy estudiado, pero su gran mutabilidad dificulta el desarrollo de un antídoto eficaz.

Además de la bacteria “Chlamydia pneumoniae”, que ha pasado a considerarse un factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares, la nueva generación de gérmenes incluye especímenes destinados a tener un gran protagonismo, como la bacteria “Helicobacter pylori”, que causa la mayoría de las úlceras gastrointestinales y contra la cual se prepara una vacuna que se prevé estará disponible en la próxima década.

Lamentablemente muchas infecciones curables en el mundo desarrollado seguirán siendo “incurables” en los más atrasados.

Los países más pobres sufren el azote de enfermedades e infecciones que se controlan con fármacos eficaces, pero a los cuales no tienen acceso debido a la falta de recursos económicos o sanitarios.

Entre las “plagas de la pobreza” que infectan y matan a millones de africanos, asiáticos y latinoamericanos, figuran las infecciones respiratorias, como la neumonía asociada al sida, cuyo diagnóstico es casi una condena a muerte en los países pobres.

Otras enfermedades del subdesarrollo son la leishmaniasis, una de cuyas variedades dilata el bazo; la “enfermedad del sueño”, trasmitida por la mosca tsé tsé, y las enfermedades de trasmisión sexual que van en aumento y resisten a los antibióticos clásicos, como la gonorrea, la sífilis y el chancro blando. EFE REPORTAJES

[b]El retorno de las plagas[/b]

También están resurgiendo males infecciosos que estaban confinados gracias a las campañas de vacunación, como la difteria, el cólera, la fiebre amarilla o el dengue.

La amenaza microbiana no se limita a los nuevos microbios que desencadenan los males emergentes; también se manifiesta en decenas de gérmenes que causan enfermedades víricas y bacterianas y que se han vuelto resistentes a los fármacos que hace unos años los combatían con éxito.

La creciente resistencia de las bacterias a los antibióticos, ocasionada por el uso imprudente, prolongado y excesivo de estos fármacos, debido a la automedicación y el incumplimiento de los tratamientos, causa alarma en la comunidad médica.