Los haitianos es pa’lante que van

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Sucesos raros están ocurriendo en la estrategia haitiana de avasallar a como sea los dominicanos que, en los últimos tiempos, están dando muestras de una agresividad fuera de su serena y bien llevada diplomacia.

Los haitianos, cíclicamente provocan a los dominicanos con las más diversas acusaciones, y más ahora que creen contar con un apoyo en las esferas del gobierno demócrata de Washington. En consecuencia, agrandan sus demandas y sus denuncias del racismo dominicano y más con el último caso del degüello de un haitiano en un barrio de Herrera, que previamente le había hecho lo mismo a un dominicano.

Allá por el 1963, durante el gobierno del profesor Bosch, se produjo un incidente fronterizo en las cercanías de Dajabón que dio lugar a preparativos bélicos para bombardear a Puerto Príncipe, en que el propio mandatario impartió instrucciones precisas para colocar los buques de guerra dominicanos en la bahía de Gonaives frente a la capital haitiana.

Otro incidente, que amenazó seriamente la paz, se produjo durante el gobierno de Don Antonio Guzmán, cuando a raíz de un accidente de tránsito en que murieron varios haitianos, el gobierno de ese país denunció que fueron masacrados por los soldados y procedieron a lanzar las más increíbles acusaciones en contra de la dignidad del ejército nacional.

Más recientemente, con el pretexto de la gripe aviar, los haitianos prohibieron el trasiego comercial de pollos y huevos a través de la frontera. A esto se le añadió la decisión, sin disimulo diplomático, de prohibir los vuelos comerciales entre los dos países. Luego llegó la reacción tan airada de la cancillería haitiana, de sus legisladores y hasta de sus masas, con la agresión a instalaciones diplomáticas dominicanas en Puerto Príncipe. La surrapa del incordiar haitiano radica en la nueva Constitución dominicana, que se discute en la Asamblea Nacional, por el enfoque que se le ha dado al asunto de la nacionalidad, tal como lo visualizó Adriano M. Tejada en Diario Libre el pasado viernes 8.

Los haitianos pretenden que se le reconozca su derecho a la nacionalidad con solo residir aquí; de ahí la vehemencia de sus ataques racistas. Esa presencia legalmente aceptada, si se diera ese improbable caso, nos empujaría a una situación similar a lo que ocurre en las tierras palestinas y a los conflictos que desmembraron a lo que fuera la todopoderosa Yugoslavia. Incluso podría ocurrir que Estados Unidos desempolve el proyecto de la década del 90 de establecer campamentos de refugiados en el país, lo cual sería el detonante de un conflicto de imprevisibles consecuencias.

Una minoría haitiana establecida en el país resultaría altamente explosiva, más si se siente estimulada por elementos exógenos que verían con simpatías que ellos volvieran a dominar a los dominicanos como ocurrió de 1822 a 1844.

Es necesario que el gobierno dominicano deje esa diplomacia supina de inferioridad e incapacidad para lidiar con la hábil y capaz diplomacia haitiana, y con posición responsable y firme, hagan valer los derechos dominicanos de preservar el territorio. Ambos gobiernos deben decidirse, sin desconfianzas, a estudiar fórmulas y acciones de advenimiento y cooperación para la paz y convivencia en la isla quisqueyana.