Los Haitises

Jaime David Fernández Mirabal decidió sacar los incursores de Los Haitises. Y actúa en correspondencia con su historial como hombre de comunidad. Porque este ex Vicepresidente de la República es hombre de comunidad. En la hoy Provincia Hermanas Mirabal siempre promovió tareas de ayuda mutua de lugareños de sectores rurales, con el objetivo de procurar el bien común. Su empeño en desalojar esta reserva natural en el Este de la isla, si bien suena paradójico, sigue este camino.

Si por los dominicanos fuera, ya habríamos pelado la parte que nos corresponde de la isla. Con ello duplicaríamos la obra de los vecinos haitianos. La extrema pobreza que sufren es debido a que talaron cuanto pudieron, dejaron al descubierto la capa vegetal, agostaron los suelos, y no les queda sino venir hacia el Este. Nosotros, a nuestra vez, tomaremos yolas hacia Puerto Rico y aviones hacia territorio de Estados Unidos de Norteamérica. Pero… ¿debemos dejar tal pesadumbre como herencia a nuestros hijos y nietos?

Defecto de la democracia es, precisamente, éste. El político incumple sus tareas más auténticas puesto que son impopulares. ¿Han escuchado ustedes que todo lo bueno es malo para la salud? Parafraseemos esta expresión para aplicarla a la tarea de gobierno. Todo cuanto es auténticamente conveniente a la Nación, lo que es trascendente a todas las generaciones, implica correctivos o restricciones. Y unos y otras implican la pérdida de votos. Por eso, aunque discrepamos del modo de actuar de la organización y el pensamiento de la estructura partidista a la que se adscribe Jaime David, quiero respaldarlo.

La escasa conciencia que nos ata al porvenir impele a la destrucción de todo ecosistema. Siendo pobre como soy, tengo pleno derecho a destruir todas las reservas naturales y los parques nacionales. ¡Un palo no dejaré si me impide sembrar una mata de habichuelas! Ocurre que cuando me llevo los palos y la hierba, permito que las aguas lluvias se lleven la capa vegetal. Y se inicia de este modo, el rápido proceso de aniquilación de la tierra. ¡En nombre de mi pobreza!

La historia tiene capítulos terroríficos y se hace innecesario el vivirla. ¡Si la tenemos al lado, en el tercio vecino al oeste de la isla! ¿Por qué, pues, repetir una experiencia tan desoladora, triste y empobrecedora?

De ahí que sea necesario respaldar a Jaime David. Contra viento y marea. Porque no debemos permitir que esas formaciones montuosas, muchas de las cuales son inútiles para la agricultura de frutos menores, sea dañada. Recordemos que justamente por esa zona, al norte de Los Haitises, por la península vecina, entran los vientos alisios. Si aniquilamos el área, el recalentamiento diluirá las formaciones nubosas, esos dichosos vientos se desviarán, y las benéficas lluvias no caerán sobre la isla.

Porque eso le costará votos futuros a Jaime David, respaldémoslo hoy. Digámosle que la patriótica tarea de fajarse con politiqueros y pregoneros de la pobreza no lo afectará. Que la parte poblacional más comprometida con la obra del mañana, lo aplaude. Y recordará la tarea que cumple.