Los homicidios y la Biblia

República Dominicana fue el sexto país con más casos de homicidios, con 25 muertes por cada 100 mil habitantes, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El país solo fue superado por Sudáfrica (31.8), Guatemala (38.5), Belice (41.4), El Salvador (69.2) y Honduras (92.6).

Aunque se produjo una reducción en el año 2012, el homicidio no es un tema meramente político. No se le puede atribuir a un gobierno o a un determinado partido político. Aun antes que el jefe de la nación naciera, y mucho antes que se fundara la República Dominicana, los homicidios tenían existencia sobre la faz de la tierra.

De acuerdo con la Biblia, en Mateo 5:19: Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.

Los homicidios tienen su raíz en el corazón de cada persona, en las inclinaciones al mal. En los celos, en las pasiones desordenadas, la infidelidad, la lujuria, las fornicaciones, en las codicias, el amor al dinero, en la envidia, en el enojo, en la ira desmedida, en las idolatrías cuando llenamos el corazón con cosas, con personas u objetos, y luego éstas se alejan, nos la quitan o desaparecen. Todo eso da lugar a los homicidios. Pero la vida la ha dado Dios y nadie tiene derecho a quitarla.

Aun antes que Cristo naciera, ya existían los homicidios. Cuenta la Biblia que Moisés subió al monte Sinaí para hablar con Dios y recibir los mandamientos que deberían regir la vida del pueblo de Israel y de todos nosotros, los cuales establecen claramente: Éxodo 20:13: No matarás.

Quizá el primer homicidio fue el que cometió Caín contra Abel. Génesis 4:5 dice que se “ensañó Caín contra Abel”. Y Dios le advirtió por que había cambiado su semblante. Y le dijo que si no hicieres el bien, el pecado está a la puerta. Y Caín no hizo caso a Dios. Y cuenta la Biblia que Caín invitó al campo a su hermano. Y cuando estaban ambos en el campo, se levantó contra su hermano, y lo mató. (Génesis 4:6) Lamentablemente, el homicida no entra al cielo.

Si los homicidios ocurren cuando se le abre la puerta del corazón al pecado, sea cual sea, de lo que ese trata entonces es de buscar el temor de Dios, de cerrar la puerta a los pecados y al mal. Hay que iniciar ya una jornada de educación espiritual que conlleve a que las personas se inclinen más al bien.