Los impuestos y las bebidas alcohólicas

[b]Señor director:[/b]

La prevención de los denominados problemas relacionados con el alcohol incluye una serie de estrategias, entre las que se destaca la de impuestos a las bebidas alcohólicas, dada su incidencia en el precio final del producto al consumidor, factor de probada eficacia para orientar el consumo.

La racionalidad de impuestos aplicados a las bebidas alcohólicas en el ámbito internacional se ha fundamentado históricamente en una larga lista de consideraciones políticas, que hasta el pasado reciente tenían como denominador común la necesidad de recaudar recursos para sufragar necesidades de gobierno.

No obstante, tal y como lo señala un grupo de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en una publicación patrocinada por dicha entidad titulada “Alcohol and the Public Good” (1994), “Cualquier país que intente tomar en serio la prevención de los problemas del alcohol, debe asegurarse de que en la determinación del nivel de impuestos se tomen en cuenta los intereses de salud”.

El consumo abusivo de bebidas alcohólicas se relaciona con consecuencias de carácter agudo (patologías médicas y lesiones por accidentes y violencia), las cuales se vinculan en su inmensa mayoría con la ebriedad, y consecuencias de carácter crónico (como la dependencia del alcohol y la cirrosis hepática), que se relacionan más bien con patrones de consumo determinados sostenidos a través de muchos años. Con referencia a la ebriedad, es importante señalar que el potencial embriagante de una bebida es proporcional a su contenido de alcohol por volumen.

La utilización de los impuestos al alcohol como estrategia de prevención del consumo abusivo y la embriaguez, se basa en el hecho de que el alcohol, como cualquier otro producto, es sensible a variaciones en el precio. Una extensa revisión acerca de la relación entre precio y consumo de alcohol efectuada por el Alcohol and Other Drugs Council of Australia (ADCA), identificó 53 estudios efectuados en 17 países a lo largo de 120 años, en cincuenta de los cuales se encontró una relación inversa entre precio y consumo para todos los tipos de bebida alcohólica, y solo en tres de ellos se encontró información no concordante con dichos resultados.

Existen países como España, Portugal y Francia, que se caracterizan por un consumo frecuente de pequeñas cantidades de bebidas alcohólicas predominante fermentadas (vino y cerveza), en relación con las comidas, con baja incidencia de embriaguez y un consumo per capita alto. En países con un tipo de consumo tal, la reducción en la cantidad de consumo puede ser un objetivo primordial de la estrategia de prevención.

La mayor parte de los países de Latinoamérica, incluyendo República Dominicana, se caracteriza más bien por un consumo menos frecuente pero excesivo, de bebidas predominantemente destiladas de alto contenido alcohólico (ron, whisky, aguardiente y licores varios), alta incidencia de embriaguez e intoxicación y un consumo per capita más bajo. En estos países el objetivo prioritario de la estrategia de prevención debería apuntar a la forma en que se consume el alcohol y a la reducción del consumo abusivo y la embriaguez.

El modelo de reducción del consumo, que ha estado vigente durante los últimos decenios plantea una estrategia centrada en la reducción de la cantidad de alcohol que se consumo (consumo per capita), mientras que el modelo emergente de reducción del daño apunta más bien a la forma en que se consumen las bebidas alcohólicas y dirige sus esfuerzos a la reducción de las formas de consumo abusivas. Estos enfoques no son necesariamente excluyentes y pueden funcionar de manera complementaria.

La tasación de las bebidas alcohólicas con base en los modelos de prevención antes citadas, no obstante, propone tipos y niveles de impuestos distintos, que pueden incidir de manera diferente sobre el precio y sobre los patrones de consumo.

En una publicación reciente patrocinada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y titulada “Alcohol in Developing Societies. A Public Health Approach” *(2002), (El Alcohol en las Sociedades en Desarrollo. Un informe de Salud Pública) (2002), sus autores afirman de manera taxativa que “Como una manera de limitar e daño por uso, el precio y otras regulaciones pueden ser usadas para favorecer formas de bebidas alcohólicas más diluidas y menos dañinas”, lo que nos orienta a los planteamientos más recientes acerca de la forma óptima de tasar las bebidas alcohólicas desde la perspectivas de salud pública, a la que nos referiremos en nuestro próximo artículo.

Dr. luis A. Jiménez Pacheco

Consultor en Alcohol & Salud.