Los instigadores de las huelgas

FABIO R. HERRERA MINIÑO
Como es ya costumbre en estos días electorales, vemos de cómo se han multiplicado las huelgas comunitarias en reclamo de necesidades de cada barrio o municipio, que por descuido de las autoridades no se han resuelto simples problemas de suministrar agua potable, reparar calles y caminos vecinales.

Es normal que, por estar inmersos en una campaña electoral opaca y escaso liderazgo, la oposición recurra a lo único que tiene a mano, que es el disgusto de la gente cuando ven a su entorno de vida lleno de pobreza con calles en mal estado y sin agua en las casas. Entonces, el malestar popular es azuzado por los políticos para incordiar lo más posible al gobierno, inmerso en feroz activismo y atracción de rivales para asegurar la reelección.

No hay dudas que la causa de que haya motivos para que se promuevan tantas huelgas con una ocurrencia sospechosa, radica en los propios descuidos de las autoridades, que ocupados en otros menesteres que le reportan más beneficios, ya sea en contratos, comisiones o asegurar la reelección, se olvidan de atender sus obligaciones o de saber administrar los recursos para proporcionar el mantenimiento adecuado de miles de obras públicas distribuidas en el territorio nacional, las cuales no son atendidas y se deterioran a ojos vista, provocando el malestar e inconformidad de la gente que solo tiene el recurso de la protesta, quemar gomas, interrumpir el tránsito y hasta recurrir a la agresión, para que sus reclamos sean escuchados.

Es una constante nacional eso de las protestas populares en reclamos de obras o reparación de otras. De ahora al 16 de mayo será el pan nuestro de cada día, algunas con mucha intensidad y maldad, otras con más respeto, pero todas con el mismo origen del descuido de los funcionarios en disponer de un plan de mantenimiento, que para eso reciben dinero en darle y mantener la utilidad de las obras públicas y no gastar en nominillas moradas.

No se puede mantener en la zozobra a las comunidades, que desesperadas recurren a las protestas, ya que las autoridades se hacen de oídos sordos, o al menos que ellas mismas se interesan en promocionar la construcción de nuevas con mayores beneficios para reemplazar a las viejas que solo requerían menos de un 5% de las nuevas para ser útiles otra vez.

Por tanto, una buena lección para las autoridades presentes y futuras, que si quieren apagar el fuego de las quejas populares, deben preocuparse, que en lugar de estar haciendo política a favor de su partido o acaparando recursos para su futuro, piensen que el dinero público que aportan los contribuyentes es para retornarlo en forma de obras, no de las faraónicas como un elevado, un palacio o un Metro, sino simplemente en reparar las fugas en las tuberías para que el agua llegue a los hogares, reparar los hoyos de las carreteras, evitar que los edificios públicos carezcan de agua en sanitarios, entonces se apagará la llama de la inconformidad popular y no habrían motivos para politizar las protestas comunitarias.