Los irrefutables logros económicos

BIENVENIDO ALVAREZ-VEGA
Los grandes números de la economía dominicana van bien. Un informe presentado por el gobernador del Banco Central, Héctor Valdez, sobre el comportamiento económico y financiero del país durante el primer trimestre del año, enero-marzo, permiten valorar esa bondad y, al mismo tiempo, aplaudir los esfuerzos que se han estado haciendo para que este sea el resultado. Un crecimiento económico trimestral del orden del 4% del producto interno bruto es un hecho positivo en cualquier circunstancia, y  mucho más cuando se viene de una economía que ha estado sometida a un acuerdo de reforma para superar una crisis profunda que descalabró las finanzas públicas y privadas, las de las empresas y las de las familias.

Ordinariamente, la gente no le da mayor importancia a los grandes números de la economía. Piensa que estos carecen de sentido si sus efectos positivos no se sienten en los hogares y en las empresas, en las pequeñas, en las medianas y en las grandes. En otras palabras, la bondad de la macroeconomía importa poco si la misma no se traduce en bienestar o mejoría para la microeconomía. Me parece que se trata de un razonamiento correcto. El fin último de todo proceso económico debe ser la mejoría de lo que ahora llamamos la calidad de vida de los ciudadanos y del aparato productivo de la nación.

Pero también es necesario caer en la cuenta de que es imposible disponer de una saludable microeconomía si los grandes números de la economía de una nación son negativos. Porque son dos partes de un todo, dos partes que se corresponden y que se condicionan. En el caso concreto de la economía dominicana de estos tiempos, de una economía en crisis profunda en los estratégicos aspectos monetario, cambiario y fiscal, la deseada recuperación pasa, necesariamente, por una mejoría de los grandes números, de la macroeconomía.

Con mucho sentido práctico y político, la administración Fernández y su equipo económico se han concentrado, desde el 16 de agosto, en la reestructuración de la economía. Cambios fiscales importantes, medidas cambiarias necesarias, reformulación del gasto público, renegociación de la deuda externa, incluidos los bonos soberanos, acuerdos con los llamados agentes del problemático y complejo sector energético, disciplina en el manejo de las finanzas públicas y la firma de un acuerdo stand-by con el Fondo Monetario Internacional.

La adopción de estas medidas evidencia la existencia de un plan y una determinación o una voluntad política. Dos elementos clave en toda gestión económica, sea ésta pública o privada. Digamos más, toda gestión pública, sin importar el área de que se trate, reclaman del gobierno un plan y una determinación. Lo mismo en economía que en educación, en salud, que en obras públicas, en servicios públicos que en seguridad interna, etcétera. También se ha contado con una excelente colaboración del Congreso Nacional. La verdad es que la contribución y el sentido de urgencia con que han actuado los señores senadores y los señores diputados no podía ser mejor. Unos y otros han entendido el estado de crisis en que ha estado la economía, han comprendido el carácter imprescindible de su cooperación, y lo han hecho sin mezquindades. ¡Excelente lección para el futuro.!

Hemos de esperar ahora que el gobierno continúe esta línea de trabajo en la economía. Que la mejoría observada en la macroeconomía siga, que los resultados sean cada vez más vigorosos, hasta alcanzar las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional. Por supuesto, el propósito tiene que ser poner el aparato productivo en condiciones de seguir empujando el crecimiento, de generar oportunidades de trabajo, de competir en el exterior y de generar bienestar colectivo.

En este sentido, se hace necesario concluir los trabajos de regulación y fiscalización del sistema financiero del país. Tanto los expertos locales como los extranjeros de prestigiosas universidades, del Banco Interamericano de Desarrollo, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, han señalado la urgencia que tiene la República Dominicana de disponer de una eficiente e impenetrable supervisión bancaria. La razón es obvia: se quiere evitar la repetición de las irregularidades y debilidades que hicieron posible la quiebra de tres bancos comerciales. Hay, pues, que trabajar con mayor determinación y con menos sentido político en esta estratégica cuestión.

bavegado@yahoo.com