Los lentes intraoculares revolucionan
la cirugía de catarata

Temprano en la historia, la ciencia médica supo que la única manera de mejorar o retornar la visión a una persona afectada de catarata, uno de los trastornos  visuales más incapacitantes, era quitar “la nube del ojo”: extraer el cristalino opacificado por la enfermedad.

Dominados los aspectos esenciales de la técnica de facoexeresis –extracción del cristalino– el dilema que enfrentaron los cirujanos fue devolver a los ojos de una persona operada de catarata su poder de acomodación, de enfocar los objetos a diferentes distancias en ausencia de la lente natural especializada en ello.

Los esfuerzos para resolver esta dificultad dieron inicio a la era de los lentes intraoculares, especie de lupas de distintos valores o potencia, que se diferencian de los espejuelos o los lentes de contacto en que se colocan dentro del globo ocular, mediante cirugía.

Los primeros intentos de colocar dichos implantes datan de finales del siglo XVIII, utilizándose el vidrio, material tan pesado que se desplazó inmediatamente al fondo del ojo. De ahí en adelante, la ciencia probaría con otros más livianos, sólo para enfrentarse a un nuevo escollo: el rechazo del organismo a esos cuerpos extraños.

No fue hasta 1949, cuando el inglés Harold Ridley logró realizar el primer implante exitoso, utilizando un material orgánicamente bien tolerado, semejante al de los cristales de  los aviones de la Segunda Guerra Mundial. Esos dispositivos intraoculares fueron perfeccionados posteriormente y, desde la década de 1970, su colocación forma parte de la cirugía de catarata.

MAYOR CALIDAD DE VISIÓN

El oftalmólogo Romeo Llinás, de Centro Láser, refiere que al quitar la catarata se produce, además de la pérdida de la capacidad de acomodación, una fuerte disminución del poder óptico del ojo, que sólo puede ser corregida exitosamente con lentes intraoculares.

“Si a una persona se le quita la catarata y no se le pone un lente intraocular, no podrá ver bien”, expone. “Hace unos años, los lentes se calculaban para que las personas pudieran enfocar a distancia y se ponían unos lentes después de la cirugía de catarata para que la persona pudiera leer de cerca. Necesariamente eso había que hacerlo siempre”.

El especialista añade que, hasta hace poco, había sólo dos clases de lentes intraoculares: los monofocales, que  corrigen la visión a distancia pero carecen de movilidad, lo que hace necesario el uso de espejuelos; y los multifocales, con múltiples puntos focales, pero fijos. Las personas tardan hasta seis meses en aprender a usarlos.

La innovación en este campo son los lentes intraoculares acomodativos. A diferencia de sus predecesores, funcionan con los mecanismos normales del ojo y poseen un rango de acomodación más amplio.

“Los lentes acomodativos ofrecen una mayor calidad de visión. Corrigen la catarata y la presbicia, la persona vuelve a tener la visión como si fuera un niño, con un gran poder de acomodación para los objetos cercanos, intermedios y lejanos”. Otro punto a su favor, explica Llinás,  es que “el paciente se integra a sus actividades sin el uso de gafas o bifocales”.

“El diseño del lente hace que se adapte como si fuera uno natural. Tiene una bisagra que se pega al músculo ciliar y le permite moverse y enfocar. El lente acomodativo se coloca dentro de la cápsula, que es una bolsita natural del ojo y por las contracciones y relajaciones del músculo, la persona enfoca a la distancia, pudiendo leer un libro sin usar gafas y también usar su computadora”, agrega.

Mejoría progresiva

Crystalens, los lentes intraoculares introducidos al país por Centro Láser, han mostrado una gran efectividad en la mejoría progresiva de la visión. Fueron aprobados en 2003 por la US Food and Drugs Administration (FDA).

Los estudios publicados internacionalmente dan cuenta  de que el 98.4 por ciento de los usuarios pasaron el examen para obtener el permiso de conducir y que pueden leer el periódico sin necesidad de espejuelos; el 100 por ciento puede usar su computadora sin lentes; una mayoría significativa (88.4 por ciento)  puede ver mejor a todas las distancias en comparación con los que tienen un lente intraocular estándar (35.9%) y muy pocas personas requieren el uso de lentes para determinadas tareas.

La primera implantación del lente intraocular acomodativo Crystalens en el país fue realizada por un equipo de médicos de Centro Láser, el 16 de agosto de 2004 y a la fecha han sido operados más de 75 pacientes de edades comprendidas entre 45 y 90 años.

Los doctores Xiomara Herrera, Juan Batlle y Romeo Llinás, especialistas de Centro Láser, han obtenido resultados similares a los de otras partes del mundo, destacándose la capacidad del equipo dominicano en el cálculo  del poder del lente, el cual es personalizado y depende de las características del ojo y de su potencial de visión.

USUARIOS

Los lentes acomodativos se ofrecen a personas con un buen potencial de visión, demostrado mediante pruebas de agudeza visual lejana y cercana, presión intraocular, lámpara de hendidura, topografía corneal y examen de frente de honda dinámica, pruebas que deben ser realizadas en la consulta especializada de oftalmología.

“No son candidatos a usarlos las personas que padecen de diabetes mellitus complicada, retinopatía diabética, úlceras corneales, queratocono y glaucoma no controlado. Tampoco quienes hayan tenido una operación previa de cataratas con inserción de lentes intraoculares convencionales”, acota Llinás.

En cambio, la edad, siempre y cuando la persona no presente ninguna de las contraindicaciones mencionadas, no es un factor limitante para el uso de los lentes. “Se han usado en personas de más de 85 años, a pesar de que se entendía que su potencial de visión era mínima porque su músculo ciliar tenía años sin usar. También se colocan en menores afectados de catarata congénita”.

CATARATA Y ENVEJECIMIENTO

El cristalino es una estructura diáfana que permite el paso de la luz hasta la  retina, explica Llinás. Allí, los rayos luminosos se convierten en impulsos nerviosos que al llegar al cerebro, son decodificados por neuronas especializadas en imágenes con forma, color y movimiento. Como una cámara, cuyo lente se empaña y no puede enfocar, la edad hace que la transparencia del cristalino merme y se altere  el mecanismo de la visión.

“Con el paso del tiempo, el cristalino va envejeciendo, se va haciendo opaco, oscuro y la luz no entra de la misma forma. Entonces las personas empiezan a dejar de ver, a percibir menos hasta que esa opacificación se convierte en una catarata”.

La catarata adquirida, enfermedad asociada principalmente al envejecimiento, pero también a la diabetes, a los traumas y a la exposición a la radiación ultravioleta, es la patología que con mayor frecuencia ocasiona ceguera en República Dominicana y el mundo. Su prevalencia aumenta marcadamente con la edad, estimándose que un 16 por ciento de las personas entre 65 y 69 años padece de cataratas y esta cifra asciende hasta un 71 por ciento en los mayores de 84 años.

El especialista de Centro Láser señala que la catarata limita de forma progresiva el desenvolvimiento normal de las personas en su medio ambiente:  “Si no se opera, una persona con catarata se convertirá eventualmente en ciega. Tratarla es una de las medidas más importantes para prevenir la ceguera”.

DETALLES
¿Cómo saber si tengo cataratas?
La persona afectada por catarata suele tener más de 45-50 años y presentar los siguientes síntomas:
1. Pérdida de la nitidez en la visión y  en la viveza de los colores.
2. Dificultad para ver en la noche.
3. Visión parcial o totalmente doble en un ojo.
4. Sensibilidad a la luz intensa.
5. Ver halos alrededor de las luces.
6. Ver mejor de cerca que de lejos.