Los leprosos de hoy

En la antigüedad, la lepra fue una enfermedad incurable, mutilante y vergonzosa. En los tiempos de Jesús, los leprosos eran excluidos de la sociedad y encerrados en amplias fosas, en las que tenían que pasar las 24 horas del día aislados de sus seres queridos. Los leprosos de la época antigua, los cuales solo eran limpiados y curados por Jesús, eran considerados excluidos sociales. Como se sabe, la lepra es una enfermedad infecciosa crónica causada por el bacilo de Hansen. Se caracteriza por los síntomas nerviosos y cutáneos, con la aparición de manchas, tubérculos y úlceras.

En cambio, podría decirse que los leprosos de hoy son muy diferentes a los que se describen en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, en muchas instituciones públicas, en organizaciones sociales y en empresas privadas, gestionadas por personas de pensamiento excluyente, los que piensan con cabeza propia, los que cuestionan, los que tienen capacidad para analizar las consecuencias de las malas prácticas, así como los que siempre actúan a partir de valores y principios éticos, suelen ser excluidos y maltratados. Es un error garrafal para el presente y futuro de las sociedades, empresas e instituciones castigar y censurar a los que poseen pensamiento crítico.

Cuando en una sociedad, en una institución o en una empresa alguien con talento, capacidad, experiencia y méritos es ignorado y maltratado por el simple hecho de pensar y opinar diferente a los que tienen poder y autoridad, consciente o inconscientemente se crean las condiciones favorables que permitirán la exclusión y la desigualdad. En el presente siglo es mucho lo que se ha hablado acerca de incentivar la creatividad, la innovación y el pensamiento estratégico. Sin embargo, es contradictorio que estas iniciativas se lancen al zafacón cada vez que sus resultados cuestionan el orden establecido.

La lepra moderna consiste en utilizar el poder y la autoridad para marginar, mutilar y deteriorar la reputación e imagen pública de los que tienen competencias cognitivas, coraje y libertad para percibir y denunciar las estupideces y las malas decisiones. Las consecuencias sociales que padecen los ciudadanos y profesionales honestos, íntegros y éticos de hoy, son similares a las que padecían los leprosos de la antigüedad. Cada vez se reducen más los lugares que valoran y aprovechan el talento creativo y la capacidad innovadora de los que piensan, analizan, actúan y hablan a partir de sus creencias, valores y principios.

Por lo general, en los entornos laborales, sociales y políticos, controlados y habitados por personas que piensan y actúan con arrogancia, prepotencia, mediocridad, exclusión, vanidad y atropello, los que poseen pensamiento propio para cuestionar y opinar, se convierten en los leprosos que muy pocos quieren a su lado. No se entiende que en una economía, como la del presente siglo, basada en la innovación, la creatividad y el conocimiento, muchas personas se ven obligadas a pensar poco y a obedecer mucho. Esta práctica los conviertes cuasi en leprosos modernos.