Los mitos en la historia oficial dominicana

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Un análisis objetivo del proceso emancipador del pueblo dominicano, nos señala claramente que Núñez de Cáceres fue el padre fundador del primer Estado dominicano, en 1821, de España, como el resto de Hispanoamérica. aunque no pudo unirlo y movilizarlo para mantener la independencia.

Juan Pablo Duarte fue el verdadero forjador de la conciencia nacional, por lo cual le corresponde el título de apóstol de nuestra independencia, como lo fue José Martí para Cuba. Duarte no estuvo presente en la gesta del 27 de febrero del 1844, cuando este pueblo encabezado por Francisco Sánchez proclamó la República Dominicana, a golpes de heroísmo; con la Separación, por lo que merece el título de El Libertador. El primero en ser denominado como tal fue Pedro Santana, por haber dirigido las guerras dominico-haitianas; pero éste terminó por entregar la patria a la metrópoli hispana.

Haití nunca fue una potencia colonial, sino un país que luchó como el que más por su independencia, que absorbió temporalmente nuestro territorio; por lo que esa gesta no se denominó “Independencia”, sino “Separación”, hasta la Restauración de la República (1865); tal como sucedió con Centroamérica de México y luego los demás países de Guatemala; Bolivia del Perú; Ecuador, Venezuela y Panamá de Colombia, y el estado de Texas de México, antes de incorporarse a los Estados Unidos.

El antihaitianismo dominicano quedó como secuela de invasiones anteriores de L’Ouverture y Dessalines y de las guerras dominico-haitianas que hicieron casi desaparecer de la historia oficial la llamada Independencia Efímera, para asumir como tal la Separación del 1844, al punto de que hasta la avanzada escuela de Historia de la UASD todavía hoy enseña en su ciclo básico solo la evolución de nuestro pueblo hasta poco después de esa fecha, e ignora a las 25 ocasiones, mal contadas, en que los Estados Unidos han intervenido este país, incluyendo tres intervenciones militares propiamente: 1904, 1916 y 1965, además de otras en los años 1845, 1849,1850,1851,1858,1866,1868,1880,1889, 1905,1907, 1912, 1913, 1914,1930,1960, 1962,1963, 1965,1978 y 2000.

En el caso de Haití, debe tenerse presente que un gobierno suyo presidido por Fabré Geffrard hizo lo que pudo por ayudar al pueblo dominicano a luchar contra la reanexión de España entre 1861 y 1865, y que no pocos dominicanos de origen haitiano han dado ejemplos de patriotismo, desde Luperón a Jacques Viaud.

Es sencillamente ridículo hablar de una supuesta conspiración de Francia, Estados Unidos y Canadá para imponer la fusión de Haití con República Dominicana, cuando la penetración pacífica de los nacionales haitianos tiene motivaciones básicamente económicas, aunque sí ésta es masiva puede tener efectos sociales y políticos contraproducentes. Lo mismo podría decirse de millones de emigrantes dominicanos a Estados Unidos que pretenderían fusionar el país a la nación norteamericana; y así otras muchas nacionalidades que viven en ese país.

Los inmigrantes ilegales plantean problemas de empleo para los dominicanos, salud y control del medio ambiente; que resulta necesario controlar, así como eliminar los ghettos que son los antiguos bateyes, integrándolos culturalmente.

Lo que no podemos es cerrar totalmente las puertas a la migración ni al comercio con nuestros vecinos del oeste y del norte, porque es impracticable, aunque sí regularizarlos y reducirlos progresivamente. Lo demás es pura demagogia electorera dañina.