Los muchachos de ahora

TIBERIO CASTELLANOS
Coraje. En estos días he recordado aquel artículo de David Brooks, de los días de la convención del Partido Republicano del año pasado. Lo que me llamó la atención en dicho artículo, es que él dijo que tres de los participantes de esa convención impresionaron mucho al público, principalmente… por su coraje. Se refería al gobernador de California Arnold Schwarzenegger, el alcalde de New York en los días del gran acto terrorista del 9/11/2001, Rudy Giuliani y el senador por el estado de Colorado, John MacCain.

Efectivamente, como cualquiera medianamente informado conoce, estos tres hombres tienen una historia personal donde reboza el coraje.

Según Brooks, ellos llamaron la atención, principalmente, por esto, por ser corajudos. Y es que en estos tiempos, todo el mundo desearía tener un poco más de coraje, para moverse mejor en la sociedad donde vivimos.

Mirando hacia atrás, como suelen hacerlo los viejos, pienso que jóvenes y viejos de hoy necesitamos mucho más coraje y disciplina que lo que fue necesario tener en tiempos atrás. Y esto sólo para vivir una vida normal. Yo diría, para vivir una vida decente.

Miro hacia los días de mi infancia, y recuerdo, lo relativamente fácil que era para cualquier joven crecer sin vicios. No recuerdo esa presión terrible, que se dice que ahora ejercen sobre niños y adolescentes sus compañeros de clase o de pandillas (“peers”). Es cierto que en algunas ocasiones hube yo de plantearme firme contra aquella costumbre, que Manuel del Cabral describe así: “.. iba de boca en boca la botella, como la boca de la meretriz”. Recuerdo que en alguna ocasión un compañerito lanzó alguna indirecta, diciendo: “bueno… esto lo hacen los hombres” y yo sin ofenderme, ni molestarme, muy simplemente respondí: “Sí… pero yo no lo hago”. Y de ahí no pasó la cosa. Y con respecto al cigarrillo, a lo más que llegaban algunos compañeros era a preguntar por que yo no fumaba. Y que yo recuerde, en mi grupo, los fumadores siempre fueron minoría.

Y además de la presión de los compañeros, los muchachos de ahora tienen la terrible presión de la moda. Y qué modas. Parece que algún genio de la industria o la publicidad ha creado, una música para los jóvenes. Y qué música. Una ropa para los jóvenes. Y qué ropa (en los varones, suele ser ridícula, en las hembras suele ser indecente). Unos sitios para bailar, donde el mismo Lucifer diseñó sonidos.. y luces… y otras cosas. Y unas malas costumbres, actitudes y vicios, que sugieren o enseñan la TV y otros medios. Y no olvidar, las drogas, la pornografía y otras cizañas que el Enemigo sembró en el trigal de los jóvenes de hoy.

Por eso, creo que hoy, los muchachos que no se tuercen son casi héroes. O quizás sería mejor decir que vienen de familias heroicas. Es decir, esas familias donde el padre y la madre y los muchachos, tienen tiempo, o lo sacan de donde no lo hay, para conversar y analizar juntos algún problema del día, o leer una porción de La Biblia, o comentar un buen artículo periodístico. Esas familias donde los hijos escuchan a los padres y los padres escuchan a los hijos. Creo que esos jóvenes, que no se tuercen y esas familias que les dan soporte, necesitan hoy mucho más coraje que el que se necesitaba en mis días de infancia, para lograr la misma meta.

Y en cuanto a los viejos como yo, se necesita hoy mucho más coraje para mantener funcionando bien, brazos y piernas y corazón y pulmones, pese a la artritis y otras limitaciones que los años regalan. Mucho coraje, para cambiar los viejos hábitos alimenticios… y de pensamiento. Y mucho coraje, también, para perdonar… y comprender (más aquí en Miami tan multiétnico y tan multi ideológico) sin que haya olvidos ni confusiones, y mirar, diariamente a Dios Padre con muchísima humildad…. pero sin miedo.