Los muchachos del barrio

RAFAEL RASUK
r.rasuk@hoy.com.do 
La generación que soportó estoicamente los convulsos días que siguieron a la desaparición de la tiranía, debe tener reservado un lugar de aprecio en la historia.

La violencia que estremeció al país en el cuatrienio 1961-1965, incluido el derrocamiento del primer gobierno constitucional post-Trujillo, la guerra de abril y las estrecheces propias del período, antes que doblegar a esa juventud, le sirvió de fragua para el triunfo.

Ávida de estudios y conocimientos, libró una batalla contra la adversidad, desafiando el peligro.

La capital dominicana vivía aciagos momentos, a causa de una etapa caracterizada por sed de venganza y muertes.

Santo Domingo era un puñado de barriadas que enlazaban a Ciudad Nueva, Zona Colonial, San Miguel y San Carlos con Santa Bárbara, San Lázaro y Villa Francisca; Gazcue con la Ciudad Universitaria y el viejo San Gerónimo; y el eje Villa Consuelo-Villa Juana-San Juan Bosco.

La muchachada de mi barriada rompió ataduras y abrió surcos para dar ejemplos.

Eduardo Ulloa (exitoso profesional de la medicina ejerciendo en Estados Unidos), los hermanos Gutiérrez-Salcedo, Warren Díaz, Ramón Lora, Héctor Núñez (brillante CPA), Héctor Amparo, los Melo-Báez (Víctor y Federico), quienes ocuparon luego posiciones cimeras en el mundo de los negocios, la cátedra universitaria y los medios de comunicación.

Poderosa combinación de entrega al estudio, al trabajo y a la familia, valores que hay que devolver a esta sociedad para que podamos tener un mejor país, exento de demagogia y cinismo, y erradicar para siempre la vergonzosa creencia   de que la política es un vulgar negocio en el que todo se compra y se vende, sin el menor respeto o escrúpulo.