Los narcos pagan “peajes” para facilitar microtráfico

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Muchos ciudadanos no lo saben a ciencia cierta, pero lo sospechan: es imposible que un negocio como el microtráfico de estupefacientes se expanda de la forma tan vertiginosa como ocurre sin agenciarse el favor de algunos de quienes lo vigilan. Pero en las barriadas todos conocen del contubernio, de la connivencia, e incluso hay vecinos que identifican y llaman por su nombre a los agentes de la Policía y de la DNCD que reciben “lo suyo” para que se hagan de la vista gorda o para que protejan determinados puntos y a sus dueños.

Los líderes comunitarios, los sacerdotes católicos y los pastores evangélicos también lo saben y lo han denunciado en múltiples ocasiones. Los bajos salarios de las autoridades facilitan que la connivencia sea posible.

Delincuencia y corrupción se dan la mano, sellan el pacto de connivencia entre agentes policiales y antinarcóticos con los pequeños traficantes, dando licencia al microtráfico de estupefacientes, legitimado con un “peaje” que acredita los puntos de drogas y los expande como la mala yerba. Un seguro de vida. Una cuota fija o un porcentaje de la venta, cuyo incumplimiento conlleva persecución, cárcel o muerte.

El contubernio, vox populi en las barriadas, lo posibilita la presencia de delincuentes “enganchados” a policías y policías trocados en delincuentes. Se evidencia cuando alguien denuncia en la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) a un microtraficante y de inmediato éste se entera con pelos y señales, cuando poco antes de un operativo los que operan puntos de drogas son avisados, y al llegar no los encuentran. La complicidad se expresa, por igual, en determinados  decomisos al reportar menor cantidad de droga o no reportarla, para  colocarla en una red con los que estén vinculados.

Una investigación.  Agentes de la PN y la DNCD llamados a velar por la seguridad ciudadana y eliminar el tráfico de drogas, han sido responsables de esas y otras prácticas corruptas asociadas al microtráfico, del que se benefician reclamando a los jóvenes legalizar su punto de droga,  con la garantía de no ser apresados a cambio de una cuota. Esa confabulación la revela un estudio que para Casa Abierta realizó la antropóloga Tahira Vargas en el barrio Guaricano, de la capital, en el que muchachos y muchachas involucrados en esas y otras actividades delictivas aseguran que les cobran  todos los viernes entre RD$10,000 y RD$20,000, según lo que se venda. “Si uno se legaliza con la DNCD no joden a uno, no vienen a quitarte el punto ni a apresarte, te dejan tranquilo”. La conexión o legalización tiene que pasar por el cuartel del barrio, afirman.

“Cuando uno va a vender uno se pone legal primero, uno llama a la DNCD y se conecta”. “Yo le reporto que voy a estar en este lao vendiendo. De lo que uno venda uno le da la mitad a la Policía”. “Si uno tá conectao ellos no te apresan. Ya uno ha llamao y se ha legalizao, así que ellos nos avisan cuando se van a tirar y uno va y quita el material”.

El pago les da estabilidad, permite no estar amenazados por los allanamientos dirigidos a cobrarles a los que no cumplen con la cuota, la que estiman como algo “normal” que hay que hacer para mantener el punto abierto. Su cobro  sistemático plantea que la venta de drogas trasciende a los jóvenes en actividades delictivas formando redes con agentes de la PN y la DNCD encargados de erradicar un negocio del que son grandes beneficiarios. Mientras más puntos se formen más cobran.

En represalia, a los que no pagan le desmantelan los puntos de drogas. “Tenía un punto y la Policía lo desmanteló. Yo no quería pagarle, y  nos quitaron el punto, no me apresaron porque me fui al campo”.

Algunos jóvenes se niegan a pagar y se mantienen “clandestinos”, en zozobra permanente, corriendo el riesgo de ser apresados o  que los maten. 

Muertes.  No sólo cobran por los puntos de drogas, también en las redadas policiales. Según relatan los entrevistados, cuando la DNCD hace “allanamientos” paran a los jóvenes pidiéndoles dinero,  muchas muertes ocurren porque no les pagan. “La DNCD te para y te pone drogas para hacerte la maldad y le pagues”. “A un amiguito mío la DNCD lo paró y como él estaba fumaó y muerto de risa le pidieron 20,000 pesos y le dijeron ta preso, se fue y no le dio ná, lo persiguieron y lo mataron, le pusieron una bolsita”.  “La DNCD te agarra para pedirte dinero y si tú no le das está preso y te dan muchísimos golpes, si te va, te matan”.

Establecer un punto de droga supone disponer de un capital que suelen conseguir con atracos y robos.  “Yo para poner el punto necesitaba 21,000. Conseguí 10,000 en un atraco en el campo y los otros con los amigos que iban a poner el punto conmigo. La mitad del dinero la compré de drogas, cadenas de 12 gramos (cocaína)”.    “Uno tiene que hacer otras cosas para ganar, la Policía tiene a uno ‘ajito’ y te sacan y te sacan, así que tengo que buscármela por otro lao, hacer lío,  meterme en lo que sea”.

La combinación entre la venta de drogas con robos y atracos es frecuente, aparecen como acciones ocasionales tanto en  jóvenes de sexo femenino como masculino. Los más practicados son:

–Robos de cables y artículos de hierro, cuya incrementada demanda los convierte en una de las actividades delictivas principales. Venden el hierro fácil y rápido en el barrio, donde los compran   para revenderlos.

–Atracos de camiones y patanas, un delito rentable. “A mí me llamaron  para un negocio con una patana de arroz, no se si me meta en eso, es delicado, porque no quiero matar a nadie”.

Un “tumbe”.  Los enfrentamientos violentos por puntos de drogas son frecuentes, los genera un “tumbe” de un grupo a otro. Los vendedores se atracan entre sí y se roban la droga o se enfrentan por competencia en la venta. En cambio, otros mantienen relaciones de complicidad y de apoyo.

“Si uno vende más que el otro comienzan a tirarte fuego para desbaratarlo”.

“Nosotros asaltamos un punto de droga, le quitamos la droga y el dinero y ellos nos tiraron, se armó el tiroteo”. “Ese ojo yo lo perdí porque me fueron a quitar una mercancía, yo estaba vendiendo y vinieron tres y me cayeron encima  y a un amigo, nos quitaron la mercancía y me puyaron en el ojo”.

Zoom

 “Indelicadezas”

Así califica el titular de la DNCD, mayor general Rafael Radhamés Ramírez Ferreira, las causas por las que canceló más del 15% de los      bachilleres     seleccionados  para entrenarlos como    antinarcóticos. Esos muchachos vinieron de la sociedad civil, expresa, al señalar que se  tiende a estigmatizar con la corrupción a miembros de las FA incorporados a la DNCD.

La complicidad  en agentes  ha sido alta, aunque  precisa que con la mejoría en salarios y condiciones de trabajo ha      mermado la corrupción. “Cada vez vemos cómo va en ascenso la eficiencia, el concepto de la labor que desempeña un  agente de la DNCD, con más responsabilidad, menos tendencia al microtráfico”. 

Mientras, persisten las denuncias de venalidad de fiscales, jueces, militares y políticos,  la complicidad de miembros de la PN y de la dotación de la DNCD que extorsionaban a  personas con parientes en casos de drogas.

Las frases

Radhamés de la Rosa

El  desmantelamiento de los puntos lo que genera es relevo, apresan al traficante y ese punto se traslada a otro sitio”.

Tahira Vargas

Los barrios no son impenetrables, aunque hay sitios donde no puede entrar la Policía, que tiene culpa porque ha incentivado eso con el cobro de cuotas y su actitud de maltratar, de reprimir, de matar.

La clave

Principales riesgos

1- Riesgo  de muerte. La muerte de amigos y novios por  policías y en enfrentamientos por puntos de drogas es  recurrente. 2- Acoso de la PN y la DNCD en el barrio. Los jóvenes  se sienten amenazados permanentemente. “La DNCD se tira por ahí y  cuando los veo me quito los pantalones  para que no me pongan drogas,  me maten o apresen”. “Matan por cualquier cosa,  uno está en peligro”. 3- Riesgo de caer en un círculo de violencia y venganza. “Uno termina hasta matando, la primera vez que  maté a un hombre me dio mucho miedo y me puse muy nervioso. Ya las otras veces  lo vi como normal”.