Los pactos y el Conep

PACTOS

El pacto eléctrico, el educativo, el laboral, el fiscal, el de la competitividad, el de la seguridad social, el del empleo formal, el del comercio exterior y el pacto sobre la Estrategia Nacional de Desarrollo, son los que se supone, buscan resolver los graves problemas que enfrenta nuestro país.

País que, según cifras inteligentes, crece bien pero para beneficiar a un grupito muy pequeño de gente. El resto, que es la mayoría, se debate entre la chikungunya, el dengue, la malaria, el cólera y unas 6 plagas más, incluyendo el hambre, que cobra el mayor número de víctimas. .

Y la pregunta es ¿ha existido algún pacto que se cumpla o que resuelva algo? Que yo recuerde, no.

El CONEP es el que más se preocupa por los pactos. El gobierno es el que más odia los pactos. Pero estos esfuerzos solo anestesian a la gente hasta dejarla morir de ansiedad.

Por ejemplo, la Estrategia Nacional de Desarrollo, fue un proceso largo que involucró a miles de personas, muchas en mesas de trabajo, donde se gastó un dineral en comida y hoteles. En ese dineral no están incluidos los pagos a asesores externos que elaboraron extensos diagnósticos sobre los graves problemas del país y como solucionarlo. Entre estos están el informe de Atali y el del Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard.

¿Y qué ha pasado con la famosa Estrategia? Absolutamente nada, porque lo poco que se ha cumplido, se hubiera cumplido con o sin estrategia, mientras el grueso de los compromisos ha pasado al olvido.

Otro ejemplo es el pacto fiscal. Este insulto a la inteligencia solo ha servido para que el gobierno siga aumentando los impuestos sin mover un dedo para controlar el dispendio y el clientelismo que subyugan la política de gastos públicos.

Otra quimera es el pacto eléctrico. ¿Cuándo se ha cumplido algún acuerdo en este sector? Jamás, porque el solo hecho de sustentar una estrategia energética sin plantearse la inmediata privatización de todo el sistema (incluyendo la transmisión), la condena irremediablemente al fracaso. Hace 50 años que el Estado ha demostrado su absoluta incapacidad para administrar la electricidad en este país y ningún pacto cambiará eso.

Me correspondió el privilegio, como Director Ejecutivo de la CERSS y con el apoyo de prestigiosos médicos y economistas, diseñar, negociar, promover y sustentar el proyecto de ley de Seguridad Social, hasta su promulgación el 9 de mayo del 2001.

Pero hubo que hacer concesiones para lograr consenso entre trabajadores. Empleadores y gobierno, que lamentablemente se convirtieron en una retranca para el desarrollo del sistema. Después de 13 años aun se discute la cesantía, el tema más conflictivo del Código Laboral, cuando esto debió solucionarse hace tiempo para evitar la doble cotización, un costo que afecta más al empleado que al empleador aunque los sindicatos piensen lo contrario.

Pero hay un pacto sobre el que no se habla hace muchísimos años y que de no concretizarse invalida la posibilidad de éxito de cualquier otro pacto. Me refiero al Pacto por la Reforma del Estado. Un Estado vulgarmente paternalista, corrompido, hipertrofiado y que viola las propias leyes que lo regulan. Un Estado convertido en una gran corporación que ha desplazado al sector privado como principal empleador. Un Estado donde algunos de sus administradores han acumulado fortunas que dejan en ridícula la de muchos oligarcas de este país.

Poco se mueve en el Estado dominicano sin que medie el dinero, la influencia del poder, el amiguismo o el chantaje. Y eso es lo primero que debemos solucionar.