Los padres deben forjar hijos sanos seguros, felices y listos para la vida

A lo largo de los años, la familia ha sido la institución que da una estructura sólida a la sociedad, es decir, si está basada en un ambiente de amor, confianza, apoyo y respeto, posibilita el desarrollo de habilidades, valores, actitudes y conductas que permiten la integración positiva de todo ser humano.

El correcto desarrollo de la familia se considera desde varios enfoques, ya que abarca dimensiones como la biológica, la psicológica, la social y la económica; desde el punto de vista psicológico, el núcleo familiar es un “laboratorio” adecuado para el descubrimiento, la comprensión, el aprendizaje y el desarrollo de habilidades afectivas y sociales de cada uno de sus miembros.

Mientras que en el ámbito social facilita la asimilación y vivencia de valores, creencias, regulaciones, tradiciones, costumbres y comportamientos que ayudan a ajustarse dentro de un marco social y cultural.

Una de las principales cualidades que todo ser humano posee, es hacer uso de su voluntad; a partir de ella tendrá un desarrollo personal y moldeará la transformación de su propio mundo, pues tendrá que responder a los dilemas y desafíos que le presenta la vida. En ocasiones, esta voluntad tendrá que promover diversas formas para adaptarse a los cambios, responder a la satisfacción de sus necesidades y asumir la responsabilidad de cada una de sus elecciones.

Estilos de familia. En esta sociedad versátil, donde cada una de las estructuras sociales están en transformación, la familia también se ha sometido a los cambios, de ahí que actualmente podemos encontrar muchos estilos de familia: desde la familia tradicional (padre, madre, hijo, hijos), hasta familias mixtas (padres, madres, hijos, abuelos, tíos…) y familias compuestas (padres y madres adoptivos, hermanastros…)

Es necesario fomentar en los hijos valores, habilidades, actitudes y conductas que se desean forjar, por ejemplo, el amor, la responsabilidad, el compromiso, el orden, la honestidad, la solidaridad, el respeto, el cuidado de sí mismos, etcétera.

Actuar en consecuencia. Un pilar fundamental en cualquier relación es la confianza. Si como padres le permitimos a nuestros hijos ser ellos mismos en cada actuación, haciéndoles ver todas las consecuencias de cada una de sus acciones y los motivamos en cada paso que den, su vida podría traducirse en seguridad y conquista en todo lo que realicen.

De ahí la importancia de ponerse metas y retos diarios, ¿qué sucedería si ocurriera esto? Para lograrlo debemos aprender a distinguir cuáles metas son importantes para nuestros hijos o para algún familiar y cuáles no, fijarlas a un tiempo y trabajar en ellas y enfrentar al fracaso y volverlo a intentar de otra forma.

Por naturaleza, los niños cuentan con un deseo innato de superarse y esta efusión se activa cuando son capaces de vencer los retos que ellos mismos se han puesto. Si como padre, además, usas frases motivadoras que los empoderen, el resultado será el esperado, siempre y cuando los retos estén ajustados a sus aptitudes.

Con esto queremos decir que aunque la familia sufra transformaciones, la dinámica psicológica y social para el individuo sigue siendo la misma, que es ayudar a adecuar a los miembros de la familia, a la sociedad y a la emocionalidad.

Para ello, como padres es nuestro deber forjar hijos seguros, felices, sanos y listos para la vida, apoyándolos y motivándolos. No hay nada mejor que vencerse a sí mismo y desarrollarse internamente para alcanzar todo lo deseado.

El mejor regalo para cualquier padre o madre es la capacidad de poder formar a nuestros hijos adaptados a la sociedad y seguros de sí mismos. Entendamos pues nuestro papel, la importancia que tienen la paternidad y la maternidad y la necesidad de comprometernos en ese rol, que después tiene tremendos frutos.

La autora es Trainer de la International Coaching Community, ICC Aliada de Perfiles & Competencias de Rep. Dominicana, e-mail

nalonso@impelg.com.