Los padrones de los partidos

JUAN BOLÍVAR DÍAZ
Es sin duda la primera vez que los tres partidos mayoritarios coinciden no sólo en realizar asambleas electivas al mismo tiempo, sino también en renovar sus padrones de militantes, razón por la cual por lo menos dos de ellos están enfrentando conflictos internos, y el otro está por verse. Sorpresivamente es el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) el que todavía no confronta polémicas internas en relación a su padrón de miembros, lo que ha sido una constante en la organización, al menos desde 1998, cuando, ya con un pie en la tumba, su líder José Francisco Peña Gómez asumió la candidatura a Síndico del DN ante el cúmulo de denuncias de fraudes en el padrón interno de electores.

Pero como el PRD aún no ha concluido el procesamiento de su padrón todavía no se puede descartar que origine enfrentamientos, que podrían llegar aún después de la elección de sus dirigentes. Si esta vez lo logra sin traumas habrá que otorgarle un galardón a su comisión organizadora, presidida por la incansable Milagros Ortiz Bosch.

En los partidos de la Liberación Dominicana (PLD) y Reformista Social Cristiano (PRSC) han menudeado las denuncias de exclusiones o abultamiento en los comités de base y subdirectorios.

La sorpresa ha sido la del PLD, donde dos miembros de su comisión organizadora han ofrecido datos preocupantes. Primero Melanio Paredes dijo en un acto de Participación Ciudadana el jueves 5 que para el Congreso en proceso se habían llegado a registrar 81 mil comités de base, pero que 30 mil no fueron validados al no reunir los requisitos. En otras palabras que el 37 por ciento no estaba acorde con lo establecido.

El miércoles de esta semana Lidio Cadet, secretario de Organización del partido morado, y en consecuencia principal responsable de la preparación del Congreso, dijo al telediario El Día del Canal 11 que al 15 de enero se habían reportado 42 mil comités de base, de los cuales sólo calificaron 14 mil, apenas la tercera parte, y que 26 mil no tenían condiciones para ser purificados. Así lo recogió El Nacional de ese día, página 19.

En cuanto al PRSC, HOY del miércoles 11 recoge en su página 11 declaraciones del presidente de su Comisión Organizadora, Joaquín Ricardo, donde afirma que tienen 31 mil 256 subdirectorios, con un total de inscritos que bordea los 400 mil, lo que implica un promedio de 13 por organismo de base.

Pero ya el lunes 9 El Nacional había recogido en su página 5 una denuncia de Angel Lockward, candidato a la presidencia del partido, donde sostenía que el padrón “está inflado con más de 10 mil subdirectorios fantasmas”, llegando a afirmar que en un colegio electoral de Villa Trina, donde el año pasado el PRSC sólo consiguió 7 votos, se habrían formado ahora 25 subdirectorios.

Las denuncias en ambos partidos hablan de manipulaciones, fraudes, exclusiones, pero en cualquier caso parece que por lo menos prima la desconfianza. Puede ser que algunas estén determinadas por la conciencia de minoría, por la incapacidad de aceptar que otros tienen las mayores posibilidades de triunfo.

Las manipulaciones de los padrones  y la recurrencia a rechazar  los resultados electorales alegando fraude son parte de una cultura fraudulenta y expresión de renuencia a aceptar el imperio del veredicto democrático. Ciertamente que a veces la denuncia es manifestación de impotencia ante otro tipo de manipulación, la originada en la imposición del poder político y económico.   

En cualquier caso, los problemas de los padrones en los partidos están expresando clara y contundentemente que ni siquiera en el propio seno de nuestras organizaciones políticas básicas hay confianza en el funcionamiento de la democracia. Lo que a su vez justifica las descalificaciones que se producen de un partido a otro y desde las instancias no partidistas.

La sanidad de la democracia dominicana clama por un cambio de la cultura del fraude, de la manipulación y la trampa. Si no es posible lograrlo en los torneos internos de los partidos, parece que será imposible imponerlo en la vida nacional.

Si los partidos no logran limpieza y consenso en la elaboración de sus padrones de militantes, jamás podrán satisfacer los reclamos y anhelos de transparencia en la administración de la cosa pública. Y su descrédito proseguirá su “agitado curso” hasta que la paciencia nacional estalle para desgracia del proceso democrático, porque vendrá  el caos político que hemos visto en muchos países de América Latina.