Los palestinos reciben Ramadán en una delicada situación económica

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Gaza. Al contrario que en años anteriores, Saher Abu Zeid, propietario de una pequeña tienda de comestibles en el empobrecido barrio de Zeitún, en Gaza capital, ha decidido vender sólo alimentos básicos durante el mes de ayuno o Ramadán que ayer despuntó al alba.

No es el único. Muchos comercios similares al suyo, tanto en Cisjordania como en Gaza, ofertan este año una variedad mucho menor de productos, con prioridad para los alimentos de primera necesidad.

“La recesión económica y la tensión con Israel nos ha obligado a adquirir menos productos para nuestras tiendas porque sabemos que la gente atraviesa una situación complicada y no puede permitirse comprar todo lo que querría para Ramadán”, apunta Abu Zeid, de 56 años.

En su negocio familiar ofrece a los clientes pequeñas cantidades de dátiles, productos lácteos, y escasas cantidades de queso y encurtidos.   Los restantes establecimientos del enclave costero tampoco tienen excedentes, como antes era habitual.   “En los últimos tres meses, los ingresos de la gente han disminuido notablemente. Por eso tenemos ahora esta limitada capacidad de compra que ha afectado negativamente a la economía al inicio de Ramadán”, explica Abu Zeid sobre el mes sagrado del islam.   Abstenerse de comer, beber, fumar y de mantener relaciones sexuales durante el día son las obligaciones de un período en el que el musulmán debe entregarse a Dios, eludir los placeres terrenales y encomendarse a la vida espiritual.

Gaza y Cisjordania -esta con mayor poder adquisitivo- no son en ese sentido ninguna excepción, si bien en la primera los niveles de observancia son mucho más estrictos.   “Lo que puedo vender cada día es apenas suficiente para pagar mis deudas”, lamenta con tristeza Abu Zeid, reflejo individual de la difícil situación que vive la franja desde hace ocho años.   Los índices de desempleo y pobreza en ese territorio de apenas 360 kilómetros cuadrados aumentaron vertiginosamente desde la imposición del bloqueo israelí tras la toma de control de Hamás en junio de 2007 y el posterior cierre de la frontera con Egipto.

Los palestinos esperaban que el reciente acuerdo de reconciliación entre los rivales Al Fatah y Hamás, que alumbró el 2 de junio un gobierno de unidad transitorio para ambos territorios, ayudará a erradicar esta situación y despertase su precaria economía. No ha ocurrido así.   En el zoco de la ciudad vieja de Gaza, la escena no es más esperanzadora para estos 30 días de ayuno y contrasta con la de años anteriores en los que las calles estaban abarrotadas de compradores en busca de productos.   Abdel Qader Abu Shaban, dueño de una tienda situada en esta otra zona de la ciudad, coincide en que la actividad comercial es mucho más débil.   “Aún ofreciendo pocos productos a los clientes, no conseguimos que la gente consuma”, declara.   El vendedor recuerda que más de 50.000 funcionarios adscritos al anterior gobierno de Hamás no han recibido aún sus salarios de mayo y junio, y asegura que “mientras no tengan sus sueldos, el comercio en Gaza será débil”.

  Antes de la formación del gobierno de unidad, los funcionarios eran pagados por el movimiento islamista, que ahora sostiene que deben ser remunerados por el nuevo Ejecutivo.   El economista Rami Abdo sostiene que esta disputa afecta a cerca de una cuarta parte de los casi dos millones de gazatíes, y advierte de un posible aumento del sentimiento de desesperación entre la población y de su impacto en la economía, especialmente durante este crucial periodo, si no se soluciona rápido.   Más allá de la crisis económica, la creciente tensión con Israel y el miedo a más violencia influyen también en la celebración de Ramadán este año.   La región vive una nueva escalada desde la desaparición hace 19 días de tres adolescentes judíos, hecho del que Israel acusa a Hamás y que se ha traducido en la peor espiral de violencia en la zona desde finales 2012.

Cuatro milicianos y un menor de 7 años han muerto en la franja de Gaza por los ataques israelíes, así como una niña por un cohete palestino errático de los más de 65 que las milicias han disparado contra el sur de Israel.

En Cisjordania las redadas israelíes han dejado seis palestinos muertos, y entre 370 y 500 detenidos.   Tareq Al Haj, economista de Ramala, opina que esta operación israelí ha impedido a mucha gente acudir a sus trabajos o salir de compras, con el natural impacto en la actividad comercial.   Una opinión que comparten Taysir Amro, funcionario del Ministerio de Economía, y Mohamed Asfour, propietario de un modesto supermercado en el centro de Ramala.   Para Amro, la disponibilidad de alimentos y bienes de consumo durante este Ramadán no es muy distinta en Cisjordania a la de años anteriores, pero la situación de seguridad sí daña gravemente su economía.