Los parias del Caribe

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La forma como se expresa el flamante uruguayo secretario general de la OEA, es para que nos resignemos a ver nuestro país invadido por hordas de famélicos haitianos que buscan su supervivencia, y el mundo no mueve un dedo para mostrar solidaridad, sino que miran para el otro lado para que los dominicanos carguemos con un pesado fardo superior a nuestras fuerzas y con la amenaza de aplicarnos sanciones si persistimos en nuestro derecho de defender la soberanía y organizar una inmigración incontrolable desde hace años.

La decisión soberana del Gobierno dominicano, de no asistir a una reunión convocada por el secretario de la OEA, para pasivamente escuchar la sentencia ya preparada de que somos un país racista y fomentador de la apatridia en contra de los haitianos, fue muy correcta y es el inicio de quitarle la careta a los hipócritas que están a la caza de cualquier desliz dominicano para retorcernos el puñal de la traición en nuestro cuerpo y ofrecerle al mundo la imagen distorsionada de que somos unos parias indignos de credibilidad y farsantes a la hora de aceptar la inmigración para los que buscan una frontera libre sin cortapisas para todo el que quiera venir a buscar su sustento.

No hay dudas que existe una gran conspiración del mundo en contra de los dominicanos, por más razones justas y valederas que nuestras autoridades expongan al mundo, ya que el fin es doblegarnos y que aceptemos sumisamente que todo haitiano que desee venir al país ingrese por una frontera inexistente, y posiblemente supervisada por la OEA con una fuerza interamericana de paz, o por la ONU con su MINUSTAH.

No se oyen los argumentos sólidos expuestos por los dominicanos para regular una inmigración que ningún país acepta, y por el contrario, son vejados y maltratados con un tratamiento indigno de seres humanos, pero eso, el señor Almagro de la OEA no lo ve y le da las espaldas, pero apoya la posición de los países caribeños de rechazar sumariamente a los haitianos alejándolos de sus costas con tal de dejarle el problema a sus vecinos dominicanos.

Ya los países están aleccionados de no oír las razones dominicanas para regular la migración, sino que debemos claudicar en nuestro derecho soberano de aceptar a quien necesitemos y no que se quiera imponer, como es la percepción generalizada, de que suspendamos la resistencia y no querer imponer condiciones a unos infelices que solo buscan llegar a la parte oriental de la isla Hispaniola, sin intentar cruzar los mares para ir a otros países donde ya saben que serán rechazados y devueltos sumariamente en condiciones como si se tratara de animales, recordando cuando sus ancestros venían de África encerrados y encadenados en frágiles galeras para cruzar el Océano Atlántico.

El secretario de la OEA quiere una confrontación de los dos países isleños para que se presten a la estrategia establecida de que el país ceda en sus derechos fundamentales de la migración, para que ni siquiera se persigan a los ilegales y ni se les deporte, como es la política internacional de otros países que se reciben de todos lados, de manera que exista ya una condición esencial, para que la sobre población de la parte oriental de la isla vaya en aumento, mientras Haití resuelva sus problemas, ahora que está enfrascado en un proceso electoral en el que sus políticos buscan la forma de hacerse los simpáticos, atacando a los dominicanos por todos los medios e incluso buscarán la forma de provocar incidentes fronterizos con bandas armadas que la MINUSTAH no podrá o no querrá controlar, ya que esa fuerza de disuasión internacional solo cumple el objetivo de que Haiti no se vea agredido por los dominicanos, si por algún exabrupto el gobierno dominicano, al verse desesperado por los ataques internacionales, pretendiera hacer valer su soberanía, cosa, que por la forma como están actuando las autoridades dominicanas, no se producirá, pero sí que hayan comprendido que ya los dominicanos han sabido empantalonarse y darse a respetar, pero que Almagro no quiere entender por lo que mantiene, aun cuando lo niegue, su tesis: “una isla, un país”.