Los partidos duraderos han dependido de sus líderes o jefes

El error de muchas personas con vocación política en nuestro país, ha sido creer que los partidos con dirigencia colegiada, o sea, sin una cabeza que los dirija, o un líder, pueden colocarse en las vías de la permanencia partidaria, incluso ir más allá de uno que otro proceso coyuntural con posibilidades de éxito. Porque la mayoría de los dominicanos, aún perteneciendo a partidos, siguen o se identifican más con los dirigentes o líderes.
Los partidos que han gobernado en los últimos 55 años: PRD, PR y PLD, lo lograron, no necesariamente por sus nombres o siglas, sino porque sus líderes los proyectaron. Los casos de Juan Bosch, Joaquín Balaguer, Peña Gómez, son los mejores ejemplos.
En su pleno liderato, si cualquiera de ellos tres se hubiese propuesto cambiarle el nombre a sus organizaciones, lo hubiesen logrado y las cosas probablemente no habrían cambiado en cuanto a composición y fortaleza partidaria. Pero, repito, cuando ya se habían afianzado como verdaderos líderes nacionales.
De los tres, el PRD y el PLD, que contaron con líderes con concepciones ideológicas y programáticas, se encargaron de proyectar ideas y estilos propios, logrando afianzar los nombres de sus partidos en la sociedad. Eso permitió que otros dirigentes salidos de las entrañas de sus partidos alcanzaran el poder, como son los casos de: Antonio Guzmán, Jorge Blanco, Hipólito Mejía en el perredeísmo, y Leonel Fernández y Danilo Medina en el peledeísmo.
Y señalo esos dos partidos de manera particular, porque son los únicos que han podido llevar más de una persona a la presidencia. Porque en el reformismo, solo dirigió y gobernó Balaguer, y con él se sepultaron también las posibilidades de su partido.
La historia enseña que es aconsejable contar con una cabeza visible que pueda identificar su partido hasta afianzarlo en la sociedad, o alcanzar el poder. Lógicamente, con una organización haciendo su trabajo de forma permanente y coherente.
Porque no resulta fácil lograr que un partido sin líder, más sin ideología definida, se proyecte y se mantenga en la vida pública por mucho tiempo con posibilidades firmes. Podría lograr algún éxito coyuntural, electoralmente hablando, pero si no se afianza un liderazgo, se diluyen en corto o mediano plazo. Nuestra historia está llena de ejemplos. El más evidente es que la mayoría de los partidos, aún siendo pequeños, se han mantenido en la palestra por mucho tiempo, fundamentalmente por la presencia de una cabeza o jefe.
Desde sus inicios, los socialcristianos y las izquierdas en todas sus manifestaciones, aún teniendo ideología y excelentes dirigentes, nunca comprendieron ese fenómeno. La resistencia a reconocer un líder y las luchas internas, los fragmentaron, sin poder convertirse en opción.
Y aunque algunos pudieran entender que los tiempos han cambiado, y que hoy no se hace necesaria la presencia de líderes para impulsar las organizaciones, es un gran error.
Hacen falta los partidos, pero si no proyectan líderes, lamentablemente podrían pasarse el tiempo trabajando para cansarse en el esfuerzo. El tema obliga a una segunda parte.