Los partidos fuertes representan menos peligro que los débiles

Dentro de los peligros que acechan la democracia, está presente la debilidad de sus instituciones, especialmente los partidos; sobre todo, cuando comienzan a deteriorarse producto de luchas y divisiones por el liderato o hegemonía, ya que cuando se producen sacudimientos internos, no solo se debilitan ante su militancia y simpatizantes, sino que se producen efectos negativos frente a la sociedad entera, y a partir de ahí comienzan a crearse situaciones que ponen en peligro la estabilidad de sus organizaciones como también la democracia y la institucionalidad. En tal virtud, debe ser responsabilidad de los ciudadanos y de los organismos del Estado, velar porque sean ejemplo de respeto e institucionalidad.

Los partidos no solo deberían regirse por leyes estrictas, vigiladas por organismos igualmente ceñidos al cumplimiento de sus funciones, sino que algunos plantean incluso que valdría la pena analizar si se hace necesario una nueva reforma constitucional que regule lo concerniente al tiempo que los presidentes pueden ejercer las funciones como jefes de Estado.

Entre los factores que tradicionalmente han provocado luchas internas en los partidos y, como consecuencia, divisiones y desprendimientos, está la presencia de dirigentes que desarrollan potencialidades como candidatos. En la medida que adquieren mayores dimensiones, van creando sus propias personalidades y hasta sus zonas, pero no todas las organizaciones, dirigentes ni sociedades comprenden este fenómeno.

Los galleros y granjeros saben que en un mismo rejón no se deben juntar dos o más gallos, porque se pelean y hasta se matan. Los partidos también deberían comprender que resulta incómodo o difícil contar con varios líderes que sus seguidores consideran presidenciables.

Cuando los gallos comienzan a abrir, se disputan contra los otros y entonces hay que separarlos. Pero en la política, a pesar del tiempo transcurrido, no hemos adquirido pleno conocimiento ni hemos valorado en toda su plenitud el concepto y la esencia de la democracia. Ni hemos establecido reglas lo suficientemente estrictas que obliguen a su cumplimiento.

Algunos entienden que además de las tradicionales luchas internas por el liderato y las candidaturas, otro aspecto que podría convertirse en causa de conflictos, es si los expresidentes mantienen posibilidades infinitas de retornar al poder, ejerciendo influencias desiguales frente a otros posibles aspirantes, pues podría contribuir a debilitar las organizaciones, en virtud de que su paso por la Presidencia les otorga características de privilegio frente a los demás.

Se podría alegar que hay partidos que viven en conflictos sin tener expresidentes o solo uno, pero aún así, hay que evitar que la crisis partidaria se expanda, porque cuando eso ocurre, se pone en peligro la democracia institucional, pues siempre será más peligroso para la democracia tener partidos débiles, divididos y en crisis, que contar con partidos fuertes, ya que la fortaleza partidaria solo podría representar peligro para la democracia, cuando las demás organizaciones no jueguen su papel ni cumplan con sus responsabilidades. Y se presenta con mayor riesgo, cuando sus líderes no incapaces de adaptarse y comprender el concepto de mayorías.