Los partidos políticos ante el reto
de democratizarse

ROSARIO ESPINAL
Es grande el desafío para los tres partidos mayoritarios del sistema político dominicano. El PLD, el PRD y el PRSC se enfrentan en sus respectivas convenciones al principal intento de reorganización política después que murieron sus caudillos. Superar satisfactoriamente esta prueba implica cumplir por lo menos con tres objetivos: identificar y movilizar una cantidad significativa de miembros votantes, organizar un proceso electoral diáfano y lograr que los candidatos perdedores acaten respetuosamente los resultados electorales. Señalarlos objetivos es simple, alcanzarlos es mucho más difícil.

Fuera de algunos ejercicios democráticos del pasado, ninguno de estos partidos se ha caracterizado precisamente por sus prácticas democráticas. De hecho, las próximas convenciones constituyen el principal intento de reorganización plural interna desde la transición política de 1978.

En juego está no sólo la selección de nuevas autoridades partidarias y la renovación institucional, sino también la conformación de nuevos liderazgos partidarios, fundamentalmente en el PRD y el PRSC, porque los dirigentes que ganen los puestos directivos tendrán una ventaja respecto a los perdedores con miras a las elecciones del 2006 y 2008 sustentada en la legitimidad popular partidaria.

Los asuntos principales que deben resolver los tres partidos para culminar con éxito sus convenciones son: 1) la elaboración de un registro de militantes confiable para todos los candidatos, 2) validar las instancias de organización de base e intermedias que dan sustento a la membresía, 3) establecer y respetar los derechos de los miembros del partido en la selección de dirigentes, 4) acordar los cargos específicos a ser electos en las convenciones, y 5) sostener un pacto implícito o explícito entre las cúpulas partidarias para que los candidatos perdedores acepten a los triunfadores.

Los partidos que satisfagan estos cinco puntos podrán declarar al final de sus convenciones que pasaron una prueba crucial hacia la institucionalidad organizativa; que se renovaron democráticamente sin morir en el intento.

Pero los obstáculos para alcanzar estos objetivos son significativos. El registro de miembros ha sido fuente de conflicto en los tres partidos desde el inicio de los preparativos de las convenciones. Los dirigentes tienen conocimiento de las imperfecciones de los registros de militantes porque los tres partidos han pasado por momentos de masificación y desmasificación en las últimas décadas sin haber depurado adecuadamente sus padrones. Además, para hacer alarde de su poder político, los tres partidos se han presentado como organizaciones de masas y ahora tienen que identificar quiénes conforman esas masas y reconocerles derechos a voz y voto.

El PRD fue históricamente el único partido de masas organizado del país, pero a través de los años ha sufrido un proceso de desintegración organizativa producto de la excesiva fragmentación de su liderazgo y del clientelismo. El PRSC nunca fue un partido de masas organizado, sino un partido personalista con masas leales al líder; por eso no pudo transferir automáticamente las lealtades políticas del líder muerto al partido. El PLD nunca fue un partido de masas; su masificación comenzó a producirse durante el período de gobierno 1996-2000, pero el mayor crecimiento de miembros se produjo a partir del 2003 por el deterioro del PRSC y del PRD.

Además de depurar sus padrones, los partidos deben determinar juiciosamente las posiciones para las cuales deben elegir directivos en estas convenciones. Un proceso eleccionario cargado de puestos a elegir será inmanejable para los organizadores y los electores. Por esta razón, lo aconsejable sería que los partidos se concentren en la selección de sus principales dirigentes, dejando para otro momento la selección de las autoridades de instancias menores si su sistema electoral interno lo permite. Querer hacerlo todo de una vez podría contribuir a perturbar estas convenciones.

El otro gran desafío de los partidos es la capacidad que demuestren los dirigentes y candidatos para acatar los resultados electorales. Si las fricciones entre los contendientes sobrepasan su capacidad de confiar en el sistema eleccionario, los partidos se encontrarán al final de sus convenciones con candidatos perdedores impugnando los resultados electorales y enfrentando posibles divisiones partidarias.

Por estas razones, los tres partidos tienen ante sí en las próximas semanas el reto de depurar bien sus padrones, montar elecciones transparentes y convencer a sus dirigentes de que respeten las reglas de la democracia partidaria. Si lo logran, la política dominicana habrá dado un salto muy positivo hacia la institucionalidad democrática. Si no, los partidos enfrentarán tensiones y divisiones de consecuencias muy negativas para ellos y posiblemente para el sistema político dominicano.

El reto es mayor para el PRD y el PRSC, donde las pugnas entre las facciones y los candidatos son más intensas, pero la prueba no es menos significativa para el PLD, que se verá reforzado o debilitado políticamente como resultado de la transparencia, apertura y disciplina con que realice su congreso.

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