Los pequeños y temidos piojos

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En los últimos días tu pequeño se rasca la cabeza constantemente? o ¿te ha dicho que siente un cosquilleo por algo que se mueve en su cabello? ¡Debes estar atenta!, pues es probable que los piojos estén alojados en su cabeza.
Aunque pueden afectar a grandes y chicos, estos temidos parásitos que ponen de cabeza a cualquiera, se presentan predominantemente en niños de entre tres y 10 años, siendo las niñas las afectadas con mayor frecuencia, según nos cuenta la dermatóloga Emma Guzmán.
La especialista señala que los piojos, muy contagiosos entre los miembros de una misma familia y niños que desarrollan la misma actividad, tienen un ciclo vital de tres estadios: liendre, ninfa e individuo adulto.
“Las liendres son los huevos que las hembras ponen cerca de la base del pelo, con frecuencia se confunden con escamas de caspa o restos de spray para el pelo. Están a menos de seis metros del cuero cabelludo y abren a la semana, dando lugar a las ninfas, de coloración grisácea amarillenta, que tras siete días adquieren el tamaño adulto. Estos suelen vivir unos 30 días en la cabeza del huésped”, detalla Guzmán.
Agrega que las hembras suelen tener un tamaño mayor a los machos y ponen ocho huevos al día, alimentándose de la sangre del afectado.

Sostiene que tanto las madres como los médicos diagnostican estos parásitos por la observación de liendres, ninfas o adultos.
“La observación de ninfas o individuos adultos puede ser difícil ya que se mueven con rapidez. Si éstos no se observan, la visualización de liendres a menos de 6,5 metros de la inserción del cabello es sugestiva de la infección. Si se observan a más de esta distancia la infección es con probabilidad antigua y la persona no necesita ser tratada”, apunta la dermatóloga.

Por otro lado, afirma que además de sensación de escozor, picor, e irritabilidad, a quienes los tienen les pueden aparecer pequeñas heridas producidas por el rascado que ocasionalmente puede sobreinfectarse.

Tratamiento. Una vez se diagnostica, -indica la doctora Guzmán- la infección debe ser tratada mediante los insecticidas disponibles: permetrinas, piretrinas y malatión.
“Dada la resistencia de los huevos al tratamiento, si se utilizan permetrinas el tratamiento debe repetirse a la semana. Si la propagación de los piojos recurre en un mes, debe utilizarse otro tipo de insecticida al empleado previamente, pues puede que existan sospechas de resistencia al tratamiento”, aclara.
Estos tratamientos deben ser aplicados y supervisados por un adulto para evitar intoxicaciones.
Advierte que nunca se deben aplicar sustancias corrosivas, químicos fuertes ni elementos calientes porque esto traería un sinnúmero de efectos indeseados. Además, se deben eludir los insecticidas que no sean los antes mencionados para prevenir envenenamientos.
En lo emocional. De acuerdo a la doctora Guzmán, emocionalmente esta es una infección que no solo perjudica al paciente sino también a los familiares cercanos, vecinos y amigos.
Pues, muchos padres al enterarse que los amiguitos de sus hijos tienen piojos, les prohíben a estos juntarse con ellos, provocando que el aquejado se sienta rechazado.
Mientras que los tutores del niño que tiene piojos, se encuentra con dudas sobre dejar que juegue con otros o enviarlo a la escuela.
“Está bien establecido que se da entre los compañeros de clases, pero una vez se detecta su presencia, el piojo ha estado presente varias semanas antes de su diagnóstico. Y la permanencia del niño en la clase no va a aumentar las posibilidades de infección. Según los últimos estudios, la presencia de liendres no significa que los niños vayan a desarrollar la infección, por lo que tampoco está indicada su exclusión de la escolarización”, esclarece.