¿Los progresistas entenderán esta vez?

Millizen Uribe

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Los políticos deben saber leer los momentos. No es verdad que ahora en la República Dominicana un sólo partido, por más novedoso que sea, una sola persona o un sólo líder, sea hombre o mujer, pueda articular, por sí solo, una opción electoral progresista realmente viable.

Sin embargo, algunos insisten todavía en tender tienda aparte y fraccionar electoralmente el sector progresista. Se autoproclaman candidatos presidenciales sine qua non y, de no ser complacidos, prefieren diseñarse nuevos grupos o partidos a su medida.

Hacen esto en momentos en que los partidos tradicionales dominicanos se cuecen en su propia salsa. El PLD reedita una crisis interna, ahora con el enfrentamiento por las candidaturas legislativas y municipales; el PRD está disminuido tras su división, el surgimiento del PRM y su alianza pública con el partido morado; y el PRSC batalla entre sí mismo por los privilegios gobiernistas.

En esta coyuntura, el sector progresista debería entender que tiene posibilidades de conquistar cuotas de poder. La fórmula presidencial de Guillermo Moreno y Minou Tavárez Mirabal, independientemente de quién encabece la boleta, beneficiaría el sector progresista si se trabaja para captar el voto de quienes están cansados de más de lo mismo.

Sin descuidar el uso de plataformas tecnológicas modernas, los progresistas deben rescatar el trabajo directo con la gente y en todos los escenarios la coherencia y el practicar con el ejemplo debe imperar. Hay que asumir el accionar político como una forma para construir un sector progresista con posibilidades reales de poder.

Para esto hace falta no concentrar el trabajo en la lucha por el Poder Ejecutivo, donde las posibilidades para el 2016 son más difíciles, y hacer un trabajo arduo que posibilite ganar candidaturas a nivel legislativo y municipal y así cambiar la correlación de fuerzas.

El sector tendría con esto la oportunidad, y estaría compelido, de gobernar diferente, y construir niveles de credibilidad ante un pueblo que comenzaría a ver que es posible manejar la cosa pública de manera distinta.

La unidad electoral incrementa las posibilidades de lograr esto. Y esa unidad debe trascender lo electoral, ir más allá del 2016 y renunciar a trabajar sólo para levantar figuras particulares.

Lo realmente diferenciador y auténticamente nacionalista, patriótico y progresista es no obsesionarse con candidaturas ni partidos, sino actuar con humildad y colocar el interés colectivo por encima de todo, algo que históricamente ha faltado en los políticos dominicanos de derecha y, por lo visto, también en algunos progresistas y de izquierda.