Los pueblos necesitan alguien en quien creer

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Los seres humanos siempre han tenido la necesidad de creer en alguien o en algo. No solo para satisfacciones espirituales, sino también sociales, económicas y de otra índole. Por eso se hace necesario que las conductas de quienes dirigen y orientan, estén apegadas a los principios que la gente aspira o merece. En cualquiera de las actividades que tienen que ver con el desarrollo humano pleno, para que puedan creer en ellos.
El mundo está salpicado de problemas por doquier. Nuestro país no está aislado del resto del mundo. Atravesamos por situaciones que han puesto a la gente a pensar en que no andamos por los mejores caminos. Que se hace necesario rectificar. Y hay que rectificar.
Pero para que ese proceso de rectificación sea efectivo, los que tienen mayores responsabilidades e influencias en todos los aspectos, y me refiero a los que conforman las cúpulas de poder, sobre todo político y económico, tienen que contribuir con ejemplos y acciones. No solo para que la gente sienta respeto por quienes los dirigen, sino por lo peligroso que podría resultar si se pierde la fe, y cada quien entienda que debe agenciarse una mejor suerte sin la necesidad de quienes los han dirigido y orientado por mucho tiempo.
Los escándalos que han sacudido y sacuden nuestras sociedades, tienen que detenerse. Hay que ponerle coto. Hay que dar ejemplos. Contundentes. Incluso, más en favor de los mismos grupos que han dirigido y ostentado el poder político y económico por tanto tiempo, que del propio pueblo que ha estado a merced de lo que se le ofrece. Y nunca es tarde para comenzar. Siempre se presenta un momento oportuno para ello. Comenzando por separar la buena siembra de la cizaña.
La propia Biblia así lo enseña. Según Mateo 13:24-30, dice que Jesús les refirió la Parábola del Trigo y la Cizaña, diciendo: “El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?”
“Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”. Palabra de Dios.
Y esta puede ser la hora oportuna para hacerlo, puesto que ya la cizaña ha crecido. Bastante diría yo, para reconocerla y separarla de los buenos frutos. La fiesta patria debería ser un buen momento. Por Dios y por la Patria. Ojalá que así sea.