Los reformistas: sin pitos y sin flautas

El criollo refrán se aplica a las personas o instituciones que cambian un objetivo para alcanzar otro, pero que al final se quedan sin ninguno de los dos.

Y lo traemos a colación ante el deterioro que viene sufriendo el Partido Reformista Social Cristiano, y que amenaza con su extinción, según demuestran las últimas encuestas de preferencia electoral, las que indican que en los comicios del próximo 20 de mayo, la entidad que fundara el extinto estadista Joaquín Balaguer apenas sacará entre un 1 y un 3% del total de los sufragios que se depositen en las urnas.

Si esta situación llegara a ocurrir, como todo parece apuntar, entonces el PRSC perdería su reconocimiento ante la Junta Central Electoral, pues la ley indica que debe alcanzar un mínimo de 5% de la votación para mantener su estatus jurídico.

A lo interno del partido colorao hay tres corrientes con vistas al próximo torneo electoral. Una que aboga por ir solo y con un candidato presidencial propio, posibilidad remota, ya que se estima que cualquiera que sea el  escogido, entre los tres o cuatro aspirantes declarados que existen, su votación sería mínima, dada la polarización existente en la cual el PLD y el PRD, que concitan el apoyo de más del 90% del electorado.

Una segunda corriente aboga porque se mantenga la alianza con el Partido de la Liberación Dominicana, apoyando la candidatura del licenciado Danilo Medina, lo que le permitiría retener eventualmente su actual cuota de poder.

Y la tercera corriente señala que el acuerdo debe darse con el PRD, reviviendo lo que otrora se llamó la alianza rosada, que no fue muy exitosa que digamos.

Mirando las cosas desde un punto de vista desapasionado, creemos sinceramente que el partido de Balaguer debe decantarse por la segunda posibilidad, manteniéndose dentro del llamado Bloque Progresista, y no correr el albur que representan las otras dos opciones.

El Partido Reformista debe verse en el espejo de sus cofrades del Partido COPEI, de Venezuela, que de ser la segunda fuerza política dominante en la patria del libertador Simón Bolívar, cuando llegó a alcanzar la Presidencia de la República, en dos oportunidades, allá por las décadas de 1970 y 1980, con los doctores Rafael Caldera y Luis Herrera Campíns, pasó a ser un fantasma que terminó disolviéndose sin pena ni gloria, aunque naturalmente quisiesemos que el partido del gallo colorao pudiese recuperar su poderío. Y no  que se quede sin pito y sin flauta.