Los retratos artísticos de Eris Estrella

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En el principio fue el retrato y el mundo es un espejo que refleja mi rostro. ¿El tuyo o el mío? Más allá del espejo se reflejan los perfiles más íntimos y particulares de la imagen, imitando sus modelos, no sus copias. Juego de imágenes que copian sus rostros desnudos en el espejo, para eliminar sus identidades. El retrato busca duplicar la imagen del modelo, a través del original, no de sus copias. ¿Pero es el original identidad de la copia? ¿O es la copia imagen del original? Juego de imágenes, sin copias ni rostros. El modelo no es la copia del rostro, sino sus huellas, semejando mi rostro o el tuyo. Frente a él, me disuelvo o reencarno, en tantísimas imágenes del rostro. Por eso, somos “la copia”, no el original del otro que nos mira frente al espejo. ¿El tuyo o el mío?

Esta rica inspiración de ideas, podemos encontrarlas en la exposición “Retratos”, de Eris Estrella, que se lleva a cabo en el Salón Exposiciones de la Facultad de Artes, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y que recoge y modula un conjunto de dibujos fisionómicos y faciales, de profesores adscritos a esa Facultad, de esa institución de altos estudios.

Cada dibujo o retrato de Eris Estrella, recrea una tensión mimética, inversa a su modelo, entre la mayor similitud posible y la idealización del modelo representado. Cada rostro es aquí la idealización que perfecciona el halo escondido del personaje evocado. La imagen, en este caso, actúa como sustituto del modelo (“en virtud”, afirma Proust, “de la ley inevitable según la cual no podemos imaginar sino lo que se halla ausente”). La imagen se emplea cuando no se puede llegar directamente a una persona. El modelo de la imagen es útil en casos de ausencia (temporal o para siempre). Por este motivo, la práctica del retrato, como técnica artista, juega el papel de “eternizador instantáneo de la imagen”, reproducida por el artista, desde la antigüedad hasta nuestros días.

Platón partía del supuesto tradicional de que debía existir una estrecha relación entre el modelo y su imagen (dibujada, pintada o esculpida). Pese a (o debido a) su sutileza, su teoría de la imagen no se apartaba de las creencias más antiguas, pues estaba fundamentada en la concepción mágica, según la cual los vínculos entre una persona y su representación figurada son tan estrechos (como si existiesen lazos invisibles entre ambas) que todo lo que afecta a la primera se transmite al momento a la segunda.

En la mayoría de los retratos de la Baja Edad Media y de la Edad Moderna se trataba, pues, de conseguir esa semejanza exacta y verificable, en contra de las ideas posteriores de Hegel, que prácticamente se convirtieron en la normativa. En su “Estética”, este se indignaba por “los retratos semejantes hasta la repugnancia”, exigiendo al retratista que halagara, que suprimiera todas las semejanzas, “plasmando y reproduciendo al sujeto en su carácter general y con sus propiedades espirituales permanentes”. El carácter espiritual debía ser la característica predominante y sobresaliente.

La concepción hegeliana del retrato, ya citada, siguió siendo en el fondo determinante para la interpretación científica del retrato, hasta entrado el siglo XX. La idea del arte que propugna el expresionismo ayudó a evocar metafísicamente el aspecto de la “naturaleza o el alma en el espejo” de las personas representadas en los retratos, pues se creía poder diagnosticarla directamente partiendo de la fisionomía.

En efecto, las imágenes, tanto en la antigüedad como en nuestros días, tienen un papel sustitutorio. Su razón de ser reside en que suplen la ausencia del modelo. Por tanto, tienen que ser capaces de evocarlo, de reanimarlo, de despertar en nosotros su recuerdo, la imagen que ha dejado impresa en nuestra memoria, y de manera tan viva, tan cegadora, que podamos tener la sensación, ilusoria o no, y al menos por un momento de que se ha encarnado ante nuestros ojos.

En cada uno de estos retratos de Eris Estrella, hay una viva imagen que revelan otros rasgos, mucho más profundos, artística y espiritualmente, de los que estamos acostumbrados a percibir, ordinaria y cotidianamente.

En la comparación artística de Estrella, entre el modelo y la imagen, la identidad óptica entre la persona e imagen solo se puede perfeccionar en la representación; sin embargo, nunca se puede realmente cumplir. Lo que queda, en estos retratos, como móvil imaginario de un modelo, es el ansia de “poseer” la propia imagen del modelo.

La cuestión de si podría existir un retrato absolutamente objetivo es, al mismo tiempo, la pregunta por las posibilidades del arte. Hemos aprendido que ni siquiera la fotografía es “neutral”; incluso para el propio reflejo una afirmación así sería psicológicamente cuestionable.

Los retratos de Estrella aluden a un modelo humano ausente, cuya presencia, real y verdadera, se siente en la imagen, como si la persona viva hubiera aparecido y se hubiera encarado con el espectador. Tanto su fisonomía como su personalidad resultan fácil e inmediatamente identificables. Estos magníficos retratos son inconfundibles: manifiestan los rasgos personales de una veintena de profesores uasdianos, a través de los cuales, las alegorías de sus rostros ausentes, aluden a un original o modelo, hermosamente recreado por Estrella.

La práctica del retrato artístico, en Eris Estrella, genera una realidad genuina. La observación de la propia imagen en el espejo, a través de estos retratos, tiene como consecuencia una “relación de indeterminación”, que produce diferencias mínimas, en ocasiones finísimas, en el semblante y la postura.

Aún cuando se considera exagerado el entusiasmo romántico de Eris Estrella, por sernos extraño, es difícil negar que estos retratos, irradian una gran fascinación y hechizo. No existe prácticamente ningún otro género pictórico que despierte tal idea de inmediatez e incluso de familiaridad. Esto se debe, sin duda, a la autenticidad, que técnica y artísticamente, Eris Estrella, le ha impreso a estos retratos. Ellos transfiguran ricos “contenidos artísticos”. Sus simbolismos apuntan hacia una unidad estética de similitud o semejanza, acorde al contexto de cada uno de los retratos. Edad, moda, atributos, ambiente, actividad, entre otros accesorios, pero también la técnica elegida. En estos retratos, por ejemplo, la disposición de los colores y las pinceladas, hasta los trazos al parecer causales, cumplen una función artística, e imaginaria, correspondiente a cada modelo evocado por el artista.

Estas imágenes están cargadas de verosimilitud y de un verdadero gesto creativo. Eris Estrella, ha logrado crear a través de una técnica audaz, de condensación del color, sobre texturas compactas y armónicas, auténticos rostros abiertos a las interioridades del alma, o a los duendes inquietos y hermosos, que huyen del corazón del artista, a los ojos abiertos del espectador.