Los riesgos del silencio

Con la confidencialidad a que tanto se entrega el ámbito político oficial con presencia de auténticos maestros de la negación de respuestas a la opinión pública, resulta preocupante que los polos de agudas discrepancias se encierren a negociar, como se supone que están haciendo ahora. La gruesa manzana de la particular discordia no debe derivar en fórmulas de entendimiento que lesionen las frágiles columnas en que se sostiene una democracia que trasciende banderías. Lo que se acuerde en las sombras de aposentos no debe repercutir sobre lo constitucional ni sobre las normas en que ya se fundan los procesos electorales y de organización partidaria sin haber sido objeto previamente de un debate nacional. No debe andarse confundiendo el destino de un partido con el destino del espectro político nacional ni del país mismo.
Se trata de un riesgo real, visto el secretismo con presagios de aplastamiento de voluntades para alterar la Carta Magna. Se habló de “hacer lo que sea” para el abrupto cambio de la seguridad jurídica, prepotente aspiración a que solo exista una verdad con suposición de que cualquier regla pueda ser desconocida para determinados fines. Agobiante preludio de imponer una Ley de Leyes ajena al consenso. Cubrir con silencio los objetivos de planes que derivarían en trastornos institucionales con aprovechamiento de forzosas mayorías congresuales equivale a mentirle a la nación.

El brillo de los buenos ejemplos

Son los maestros – y ayer fue el Día mayor para honrarlos- reales constructores de una mejor nación integrando sus alumnos al conocimiento. Con aquellos que se destacan en el cumplimiento de su apostolado de enseñanza el país, con el Gobierno al frente, tiene un compromiso de reconocimiento y exaltación. Son ellos ejemplos que trazan camino de superación para la familia magisterial en el contexto de elevar la calidad de la enseñanza como un todo.
Llegan en este año a un sitial de honores nacionales los distinguidos educadores Tammy Vianney González, Andrés Sánchez Paredes y Santa María del Rosario, receptores de la “Medalla al Mérito del Maestro” que el Estado otorga. Reciban una cálida felicitación por el éxito de su carrera en las aulas, extendible a otros cien colegas suyos meritorios también.